lunes, 1 de septiembre de 2014

Albéric Magnard - Canto Fúnebre




Por  Samuel Máynes Champion

 Baron-sur-Oise, Francia (Proceso).-Transcurrida una centuria de las primeras estelas de muerte que dejó la Primera Guerra Mundial, la visita a esta pequeña localidad se nos impone como un deber de la memoria. Desde este lugar ha de partir la evocación que le dará sentido a conmemorar una fecha que aún no tiene énfasis calendárico. Así, pretendemos recordar la gesta heroica de un compositor que perdió la vida inmolado por la locura bélica, precisamente aquí, en el apogeo de su madurez artística. En breve, el personaje contaba 49 años de edad y su producción musical ‒con un magro corpus de 22 obras‒ apenas había empezado a desembarazarse de su furiosa autocrítica…

Iniciemos, pues, el recorrido en aras de desvelar los avatares existenciales de este ser humano excepcional a quien la desmemoria ha colocado en un limbo oscuro que dista mucho del sitial de honor que le correspondería por los méritos de su obra y los rasgos volitivos de su personalidad. “Ah! hombres olvidados ‒como escribiera Bossuet‒ si pasaran algunos años después de su muerte y debieran volver a este mundo, regresarían de inmediato a su tumba para no ver su reputación carcomida y su memoria borrada entre sus amigos, sus subalternos y, peor aún, entre sus propios herederos!”

Un camino sinuoso rodeado por bosques de encino y parcelas de remolacha precede el arribo al minúsculo poblado y la única información disponible para localizar la morada que nos interesa es el nombre: sabemos que habitó una “Mansión de las Fuentes”. Varios vecinos interpelados contestan que no saben de quién se trata y que tampoco han escuchado el apelativo de la residencia. En el centro del pueblo ‒que no supera los mil habitantes‒ se levanta un obelisco a los defensores de la patria caídos en la Gran Guerra y en la lista esculpida sobre la piedra no hay nadie que corresponda. Por ser domingo, el Ayuntamiento está cerrado y, al parecer, el párroco de Iglesia está de vacaciones. Con una sensación de creciente futilidad, el deambular por las pocas cuadras de la retícula urbana amenaza con caer en el reproche.

A punto de abandonar el cometido, un anciano afable recuerda que sí hubo un músico que pereció aquí y que su vivienda se situaba en los linderos del pueblo, hacia el lado donde nace el manantial. Una vez recalados ante la fachada leemos: “Albéric Magnard, compositor de música. Nacido el 9 de junio de 1865 en París. Muerto el 3 de septiembre de 1914. Fusilado y quemado dentro de su casa por los alemanes al querer defenderla.” Y como corolario de la placa se cita un verso que le dedicó Ronstand: “Aquel que se rebela a la traición / y que prefiere musas a Walkirias, / ha defendido su arte contra la barbarie/ y debe morir así, defendiendo su mansión.

A pesar de que el entorno natural se preserva intacto, no hay semejanza entre la residencia originaria y la construcción actual. El enorme jardín se fraccionó y ninguno de los nuevos residentes está disponible para darnos más datos. Hemos entonces de recurrir a las inferencias que nos proporciona su biografía, de manera que se entienda la decisión de ofrendarle la existencia a una causa que, de antemano, se sabía suicida.

El compositor vio la luz en un hogar ensombrecido por la tiranía. Su padre fue un exitoso periodista que no tuvo empacho en imponer los excesos que le vinieron en gana. Como director de Le Figaro ‒el periódico con tiraje nacional más viejo de Francia‒ Francis Magnard sumó sus aciertos editoriales a los de su inventiva literaria. Gracias a su mediación, por ejemplo, Mallarmé tuvo una vía de acceso con sus primeros lectores y Verlaine obtuvo muchas adhesiones. Sin embargo, en la intimidad, el señor director proseguía con las órdenes sin réplica y demandaba pleitesía continua, tanto de su abnegada consorte como de su único hijo. El niño viviría agradeciendo las amargas delicias de su filiación con un hombre prominente que siempre tenía la razón.

Con esa tónica familiar no debe sorprendernos la decisión de la señora Magnard de acabar con su suplicio marital. En la mañana del 2 de abril de 1869, después de unas semanas de acusar trastornos y silencios, la mujer besó a su crío con una intensidad extraña y se dirigió a una ventana para lanzarse al vacío. Albéric escuchó el grito y el golpe sordo sobre el pavimento pero no lo dejaron bajar las escaleras. Con sólo cuatro años de edad recibió el primer arañazo de un dolor que lo marcaría para siempre.

El resto de su mocedad resintió la ausencia paterna y los falsos cuidados de la madrastra que apareció después de la tragedia. Como todo niño bien, comenzó pronto sus lecciones de piano con el mejor maestro del momento, sin que importara mucho su desempeño ante las teclas. Para su padre, el aprendizaje de la música no podía considerarse como una profesión respetable. Tenía reservada la carrera de leyes y no había discusión al respecto. Al concluir la adolescencia, con la voluntad todavía amordazada, tuvo un destello de hombría y se enroló en el Ejército, creyendo que eso lo ayudaría a cerrar las fisuras de su carácter. Algo consiguió, ya que durante un viaje por Alemania escuchó una ópera de Wagner decidiendo por sí mismo que su vocación estaba en la música. No obstante, tuvo los tamaños para recibirse de abogado al tiempo que se inscribía en el Conservatorio. Estudió con Massenet y después de obtener el premio de armonía solicitó la guía de D´Indy en la Schola Cantorum, donde obtuvo su título. Para celebrar la relación con su último maestro escribió su primera sinfonía.

En los años siguientes, habiendo doblegado la cerrazón paterna, empezó a colegir notas periodísticas para Le Figaro y compuso su primera ópera empero, tachaba más de lo que lograba plasmar en el papel. Más adelante confesaría: “Todo lo que escribo me disgusta cada día más. Sufro cruelmente la fantástica distancia entre lo que hago y lo que quisiera hacer”. En cuanto a la temática de sus artículos, siempre enarboló las causas justas como la emancipación de la mujer ‒sería uno de sus defensores más tenaces‒ y rara vez atenuó la crítica acerba a los mediocres con poder y, sobra decirlo, eso sería un agravante para la difusión de su música, antes y después de muerto.

Cuando advino el deceso de su padre sintió que sus grilletes emocionales se liberaban y que era menos áspera la relación con su obra. Vinieron tres sinfonías más,[1] la última de ellas dedicada a la Unión de Mujeres Profesoras y Compositoras de Música y algunas sonatas. Sintomáticamente, el proceso de su liberación interna le dio cabida al matrimonio, eligiendo como compañera a una mujer que su padre habría reprobado. Provenía del lumpen y ya tenía un hijo bastardo. En los primeros años de su unión conyugal estalló el escándalo del caso Dreyfus y, naturalmente, Albéric se puso del lado de la razón jurídica, aunque eso le acarreara más enemistades. Al quedar de manifiesto las porquerías de la casta militar ‒no obstante la evidencia a su favor, el capitán Dreyfus volvió a recibir una condena‒ se dio de baja del ejército y escribió la letra y la música de un Himno a la Justicia.

Asqueado de la sociedad y ya sin su trabajo periodístico, huyó de París para refugiarse, con su mujer, el hijo de ésta y sus dos niñas ‒una de tres años y otra recién nacida‒ en el lugar donde se gestaría la desgracia. Era el año de 1904. En la placidez de la campiña, despojado de los afanes en pos del reconocimiento, inició la reconciliación con su propia vida. Haría acopio de su talento y de los bienes de su heredad para montar una mansión llena de libros, de obras de arte, de fuentes y de bellezas naturales. En sus jardines sus hijas jugarían sin descanso y viéndolas crecer él compondría música con la abnegación de un ermitaño. Tristemente, ya no le quedaría mucho tiempo. Cuando se desató la conflagración bélica y las tropas germanas invadieron Francia, Albéríc no dudó en mandar a su familia a un lugar seguro. No bastaron los llantos ni las súplicas, él no iba a dejar que profanaran su hogar. La mañana en que los primeros soldados allanaron su propiedad, Albéric se irguió para hacerles frente. Los balazos salidos de su pistola mataron a dos alemanes y eso fue suficiente para emprender un castigo ejemplar. Primero el fusilamiento y luego el fuego. Antes que rendirse, Albéric prefirió morir calcinado entre sus libros y sus partituras. Quizá intuyó que los frutos de su inspiración no dejarían nunca de florecer dentro de los ensangrentados campos de la esperanza y la fraternidad humana…

Fuente:  http://www.proceso.com.mx/?p=380921

Un oscuro cementerio llamado Mediterráneo



Por Pedro Luque

El Mediterráneo, ese mar que vio nacer y morir a incontables civilizaciones, ese azul testigo de amores, traiciones, guerras y treguas, ese maltratado mar que hoy sufre las tasas más elevadas de contaminación del mundo, es además el cementerio de miles de inmigrantes y de sus sueños, es la líquida barrera que divide mundos demasiado diferentes.
No es una novedad que pobladores de África y Medio Oriente se lancen al agua en inestables barcazas para intentar alcanzar costas europeas. Pero hay momentos en que el incremento de los conflictos bélicos, el terrorismo, las epidemias y la falta de oportunidades en los países de procedencia parecen complotarse y empujar con más fuerza a los inmigrantes, lo que aumenta la población de ese antiguo y profundo cementerio.
En lo que va del año, la ONU registró que 1.889 inmigrantes se ahogaron en el Mediterráneo, de los cuales unos 1.600 murieron en los últimos tres meses mientras trataban de alcanzar Europa desde Libia. Sólo el fin de semana pasado, 300 vidas se hundieron en distintas partes de ese mar al que los romanos bautizaron como “Mare Nostrum”.
Esta nueva oleada migratoria encendió alarmas en el Viejo Continente, ya que el aumento de las cifras de víctimas es perturbador: en todo 2013 se registraron 600 ahogados, mientras que en 2012 fueron 500 y en 2011, durante las revoluciones de la Primavera Árabe, fueron 1.500.
Mientras casi dos mil personas quedaron en el camino, otras 124.380 lograron alcanzar las costas europeas. De ellos, 108.172 lo hicieron a través de la isla italiana de Lampedusa. Por eso, Roma reclama ayuda de sus socios europeos para enfrentar este fenómeno.
En los primeros tres meses del año, la entrada de migrantes aumentó 600 por ciento en Italia en comparación con el mismo período del año anterior, mientras que en España ese incremento fue del 130 por ciento.
Más allá de las frías cifras, lo que llamó la atención en las últimas semanas son los botes de juguete inflables con los que los migrantes intentan completar su travesía, como así también los relatos sobre niños que hacen el viaje solos, como Princesa, la bebé de 10 meses que a mediados de agosto llegó a España sin sus padres, en una lancha de inmigrantes que partió de Marruecos.
Ese caso conmocionó al país ibérico y le dio rostro humano a un drama que seguirá sin solución mientras se mantengan las enormes diferencias entre las regiones que son bañadas por el Mediterráneo.

Una barrera distinta

Mientras africanos y asiáticos intentan alcanzar las costas del Viejo Continente, muchos europeos del sur y del este migran hacia el norte, hacia países no tan afectados por la crisis económica y el desempleo. Ellos no deben atravesar un mar embravecido, pero también encuentran trabas.
El miércoles pasado, el gobierno alemán presentó su informe definitivo y un paquete legislativo con el que quiere impedir que los inmigrantes a la Unión Europea (UE) “abusen” de su sistema social. Para ello, limitará a seis meses la estancia de quienes llegan al país a buscar trabajo y no tienen expectativas de encontrarlo.
“La libertad de movimiento es una parte esencial de la integración europea, que apoyamos plenamente. Sin embargo, eso no significa que debamos cerrar los ojos a los problemas que conlleva”, fue la justificación que esgrimió el ministro del Interior alemán, Thomas de Maiziere, quien recalcó que varios países europeos ya adoptaron medidas similares.
Así reaccionó Berlín a un informe que asegura que de 35 mil ciudadanos rumanos y búlgaros que llegaron a Alemania en 2004, se pasó en 2012 a más de 180 mil.
Los gobiernos europeos buscan fórmulas para contener esas dos migraciones, la que viene de afuera y la que se produce puertas adentro. Mientras tanto, el Mediterráneo seguirá tragándose a miles de personas para quienes migrar no es una opción más, sino su única opción.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/mundo/un-oscuro-cementerio-llamado-mediterraneo

Ecuador - Chone: se inicia el traslado de restos por construcción de embalse



Por  Juan Bosco Zambrano



En Chone se ejecuta el traslado al nuevo cementerio La Arabia de más de 500 restos de personas sepultadas en seis panteones de la zona que quedará sumergida por el embalse del Proyecto Propósito Múltiple Chone (PPMC).
Hasta ayer, un total de 134 nichos fueron llevados al nuevo camposanto cerca de El Pueblito, en el sector La Arabia.
Las tareas las realizan Jardines de Manabí, la Secretaría Nacional del Agua (Senagua), Distrito de Salud 7 de Chone y el Consorcio Santa Rita, este último, contratista de la construcción del nuevo cementerio.
“Para iniciar con las exhumaciones de los cementerios afectados por la construcción del PPMC en la represa de Río Grande, hemos realizado varias reuniones de socialización para dar a conocer a la población el alcance y las características de los trabajos que se realizan”, dijo Wilson Mendoza, subsecretario de la Senagua en la provincia de Manabí.
Agregó que fue necesario cancelar 542 permisos y tasas municipales y cumplir con requisitos de salud para la autorización de las exhumaciones.
Los trabajos de exhumación se han efectuado en los camposantos La Marujita, El Limón, La Tranca y en El Guabillo, donde se retirará un total de 434 fallecidos registrados. Falta iniciar labores en los cementerios Francisco Molina y La Capilla de Platanales.
Todas las exhumaciones e inhumaciones en el panteón de La Arabia concluirían a mediados del próximo mes, indicó Óscar Suárez, gerente de Jardines de Manabí, entidad que está a cargo de estas tareas.
Agregó que los cuerpos a los que no se les encontraron nombres ni fueron reclamados por familiares luego de continuos llamados públicos y socializaciones, han sido codificados y la empresa les ha elaborado un registro fotográfico.
Luis Cool, de la Coordinación de Vigilancia de Salud Pública del distrito Chone, dijo que los trabajos se realizan cumpliendo las especificaciones sanitarias y otras normas que determinan las leyes.
Luego de que se exhumen los restos de las tumbas, “se les aplica óxido de cal para destruir toda clase de gérmenes que queden en el lugar y para proteger el ambiente", indicó.
Senagua ejecuta el plan de reasentamiento y compensación social que comprende la construcción del cementerio La Arabia, donde estarán ubicados 3.260 cuerpos distribuidos en 1.220 panteones, 1.000 bóvedas, 672 osarios en cerramientos y 256 osarios en bóvedas y una sala de velación.
El costo de estas obras es de $1’209.614,40.

Jardines de Manabí
Óscar Suárez, de Jardines de Manabí, dijo que esta entidad administrará durante seis meses el cementerio La Arabia, donde se ubican los restos de las personas sepultadas en panteones de la zona del futuro embalse en Chone. En los seis meses se capacitará a personal del Municipio de Chone porque esta entidad asumirá la administración.

Ángel Moreira Basurto, quien el año pasado retiró los restos de su hija del cementerio El Guabillo para tenerlos en su casa luego de que se hallara sepultada en este camposanto durante 28 años, expresó que desea que ella sea inhumada en el nuevo panteón. Moreira retiró los restos de su hija de El Guabillo por temor a que estos se puedan perder en el proceso de exhumación. Los ha mantenido en una hielera.
“Haré todas las gestiones para sepultar los restos de mi hija ya que al cementerio anterior se lo iba a destruir”, dijo. Ahora espera que la hija sea inhumada junto a los padres de él, quienes también han estado enterrados en El Guabillo.

Fuente:  http://www.eluniverso.com/noticias/2014/08/30/nota/3601446/se-inicio-traslado-cientos-restos-6-cementerios