El
Instituto Metropolitano de Patrimonio del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito
y la Red Ecuatoriana de Cultura Funeraria se aprestan a iniciar el proceso de
socialización de las metodologías para la auto gestión comunitaria del
patrimonio funerario, proyecto de investigación que ha tenido como espacios de
análisis a tres comunas (San Miguel, Llano Grande y La Capilla) y dos barrios de
la parroquia de Calderón (Centro y Santa Mariana de Jesús) al norte de Quito.
El
proyecto plantea la gestión comunitaria de espacios funerarios; la generación
de procesos de registro y valoración propios y la consolidación de proyectos
culturales, económicos y sociales en sitios de importancia simbólica. Los
cementerios rurales guardan memorias sobre disputas y acuerdos que han dado
forma a sus comunidades; tienen el potencial de convertirse en aulas abiertas,
archivos o espacios públicos de calidad. Las necrópolis, por tanto, más allá de
su impronta estructural han sido analizadas como productoras de lazos que
cohesionan a las poblaciones.
La generación de estos procesos de trabajo en espacios
cementeriales ha sido posible gracias a la participación de vecinos, líderes
comunitarios y autoridades locales (Gobierno Autónomo Descentralizado de Calderón, Administración Zonal Calderón, Casa
Somos). Los productos de este trabajo serán presentados en cada una de las
localidades durante el mes de julio. También se prevé la difusión de resultados
en el X Congreso Internacional de Etnohistoria (Flacso, septiembre de 2018), en
II Encuentro Nacional de Cultura Funeraria (Cuenca y Azogues, octubre de 2018)
y en el XIX Encuentro Iberoamericano de Valoración y Gestión de Cementerios
Patrimoniales (Cochabamba – Bolivia, noviembre de 2018).
No dejarán
arrebatarse algo que les pertenece. La primera resolución tomada por los
moradores de la comuna San Miguel, ubicada en la vía a Puerto Limón, es
mantenerse unidos para proteger el Cementerio que a decir de ellos “quieren
quitarles de las manos”. Esta conclusión se la tomó ayer en una asamblea
general realizada con los dirigentes del lugar, “durante varios años hemos
estado al cuidado y mando del Cementerio, ahora algunos integrantes de la
nacionalidad Tsáchila dicen que les pertenece, pero no es así”, expresó
Patricia Intriago, presidenta de la comuna San Miguel.
El cartel con el
cual se dirigirán a las autoridades para reclamar su derecho ya está listo,
este refleja un acuerdo Ministerial #8604 que fue dado el 31 de marzo de 1967 a
la comuna San Miguel, “la administración del Cementerio desde siempre y para
siempre, nos pertenece con justicia, respeto y derecho” dice el comunicado.
Diógenes Canales
de 76 años, cuenta que ha pasado su vida en la comuna y es testigo del trabajo
que le ha costado a la comunidad mantener el Cementerio en buenas condiciones,
pagando los servicios básicos y los arreglos del lugar.Relata además que su tía Rosario Canales y
otros vecinos como Dima Menesesy José
Luis Armas donaron el territorio para construir el Cementerio y una Iglesia.
“No es justo que nos quieran quitar algo que nos pertenece por historia, los
tsáchilas tienen muchos más cementerios donde expresar sus tradiciones,
nosotros no”, acotó.
Situación
contraria
Por su parte,
Javier Aguavil, gobernador de la nacionalidad Tsáchila, explicó que como
nacionalidad han emprendido un proceso de recuperación de territorios desde el
Ministerio de Agricultura y se trabajó en un catastro territorial. “Tenemos la
información de las siete comunidades, una de ellas es la comuna San Miguel que
se perdióaños atrás y el ‘Cementerio de
Tribu Indios Colorados’ que está en el lugar”, expresó.
La autoridad
tsáchila relata que por historia, hace unos 250 años los miembros del grupo
étnico se reunían en el lugar, y algunos colonos mestizos también.Aguavil acotó que han venido pagando el
impuesto predial pues ellos tiene las escrituras, ahora están trabajando en el
permiso ambiental para una proyección turística del Cementerio, pues ahí se
encuentran líderes tsáchilas cómo Zacarías, Tomás Aguavil, Gabriel, Abraham
Calazacón y Héctor Aguavil. (DA)
Mantenimiento
La admiración
del Cementerio la ejecutan los moradores de San Miguel, refieren que el 90% de
las personas enterradas son mestizos y un 10% de la etnia Tsáchila. Cada año
cobran 10 dólares tanto a mestizos como a tsáchilas para mantener sin maleza,
sin basura y sin daños este espacio. Los moradores ven con tristeza e ira que
el trabajo de ellos y sus parientes “intente ser arrebatado” después de tanto
tiempo por lo que se niegan a ceder.
La Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales invita a la presentación de resúmenes de ponencias (200 palabras) para el XIX Encuentro Iberoamericano de Valorización y Gestión de Cementerios Patrimoniales - Bolivia 2018.Circular 001 Resultados iniciales y ampliación de plazo convocatoria (Detalles resultados):
De igual manera y ante la solicitud de un plazo adicional por parte de colegas de varios países y algunas regiones de Bolivia, el Comité Organizador ha ampliado el plazo para el envío de resúmenes hasta el miércoles 20 de junio de 2018.Es importante ceñirse estrictamente a esta fecha, con el fin de no afectar el cronograma de evaluación por parte de nuestro Comité Académico, que tiene definida la fecha del domingo 15 de julio de 2018 para la publicación del listado de resúmenes aceptados.Les recordamos que los resúmenes deben enviarse en el formato establecido (Va anexo) y a la cuenta de correo de la Secretaría Permanente de la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios:redcementeriospatrimoniales@gmail.com
Compartimos con ustedes el Manifiesto que los miembros de la ABEC
organizamos, en el intento de defendemos de los hurtos y actos de destrucción
que están ocurriendo en nuestros cementerios brasileños y latinoamericanos.
Con mucha
alegría damos la bienvenida al Cementerio Alemán de Quito que, desde el mes de
mayo del presente, se integra como miembro honorario a la Red Ecuatoriana de
Cultura Funeraria y a la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales. La integración se da en el marco de cooperación mutua que da
sentido a nuestra existencia como red y pretende, muy pronto, iniciar proyectos
de puesta en valor, investigación y difusión del enorme patrimonio estructural,
cultural e histórico que posee la Fundación Max Uhle –Cementerio Alemán de
Quito.
En palabras de
Carmen Dammer, administradora del espacio: “El Cementerio Alemán, a pesar de la
relevancia de los personajes que yacen aquí inhumados, es casi desconocido por
la comunidad.” La Red Ecuatoriana de Cultura Funeraria ha propuesto, en
colaboración con la administración del Cementerio, la consecución de fondos
para la puesta en marcha de los procesos de investigación necesarios para
afianzar legalmente la consideración del
espacio como bien patrimonial de la ciudad de Quito y evitar, con eso, el
excesivo cobro de impuestos que mantiene a la Fundación Max Uhle en situación
crítica.
El convenio
prevé, además, la consolidación de una presentación conjunta a ser presentada
en el II Encuentro Nacional de Cultura Funeraria y, ojalá también, en el XIX
Encuentro Iberoamericano de Valoración y Gestión de Cementerios
Patrimonialesa celebrarse en Cochabamba
–Bolivia.
La Red Ecuatoriana de Cultura
Funeraria,representada por Leonardo Zaldumbide, participó en lasI Jornadas Científicas por el Día de la
Enfermera.El evento fue organizado por el Departamento de Gestión
del Hospital Pediátrico Baca Ortiz de Quito.
Zaldumbide fue parte de la
mesa que tuvo como tema central a la muerte y su abordaje en espacios médicos.
El expositor de la Red trató sobre las
perspectivas políticas y culturales en torno a la muerte y el morir. La mesa se
completó con Tania Orbe, docente de la Universidad San Francisco, y con la
doctora Patty Carrero, docente de la Universidad de las Américas.
El objetivo de esta mesa fue
trabajar con las personas que enfrentan a la muerte en su cotidianidad y analizar perspectivas históricas, políticas,
comunicacionales y tanatológicas que permitan enfrentar a la muerte con mayores
elementos de análisis.
El premiado Cementerio Patrimonial de Cuenca en Ecuador continua con sus labores en torno a la mejora de la gestión de los procesos funerarios. Como conmemoración a la madres ofrecerá un concierto sinfónico en sus instalaciones.
Nuestro querido amigo, el arq Eduardo Montemuiño de la Red Uruguaya de Cementerios y Sitios Patrimoniales, presenta una interesante propuesta que busca el intercambio de saberes y experiencias entre las colecciones de los cementerios San Pedro de Medellín (Colombia) y San Nicolás de los Arroyos (Argentina). La muestra se centra en laimportancia de ambos cementerios como contendeores de experiencias y de memoria de sus respectivas poblaciones.
La ciudad de Azogues se ubica a 2518 msnm. y es la capital de la provincia
de Cañar en la República del Ecuador; la misma se encuentra a cuarenta minutos
de la ciudad de Cuenca, lo que ha provocado que ambas urbes tengan conexiones económicas, históricas,
políticas y culturales.
Esta ciudad, rodeada de cerros, ha asentado sus límites políticos en ellos y
los ha convertido en parte de su historia. Como sucede con muchas ciudades del
Ecuador, Azogues posee patrimonio funerario cargado de inmenso valor simbólico e histórico. Por esta
razón, Daniel Rivera, Coordinador Nacional de la Red Ecuatoriana de Cultura
Funeraria, visitó este espacio y tuvo el agrado conversar con su administrador,
economista Ruperto Mogrovejo, quien lleva varios años trabajando en el
camposanto y quien, además, tuvo la amabilidad de guiarlo por este lugar.
Mogrovejo comentó que: "El cementerio
actual fue construido en 1949, en la administración del Dr. Rafael María
García, en cuya gestión se construyeron
los primeros mausoleos”. Actualmente, de acuerdo a su administrador, el
cementerio tiene aproximadamente 4000 bóvedas. Existen once mausoleos de instituciones públicas y privadas como por
ejemplo: Sindicato de Chóferes, Sociedad de Obreros de La Salle, UNE Provincial
de Cañar, Empleados Municipales, Comité de Trabajadores Industria Guapán.
Entre los elementos arquitectónicos
destacados, se puede mencionar al ángel
de los Mogrovejo que fue elaborado por los deudos de uno de los patriarcas de
esta familia de artistas. Muy cerca de ahí se encuentra enterrado el padre del
actual alcalde de Azogues: el Dr. Virgilio Saquicela Toledo, destacado
azogueño. La cantidad de personalidades dentro del cementerio que han marcado
la historia de Azogues continúa con el profesor Homero Mata o del escritor y
periodista Germán León. Ruperto Mogrovejo, con emoción mencionó: "Aquí
tenemos muchísima gente interesante;
aquí tenemos algunos alcaldes, escritores, artistas y poetas, pero también
personas sencillas que fueron importantes en la ciudad. Por eso yo creo que
aquí hay bastante por investigar.”
Mogrovejo reconoce que, actualmente, el
espacio debe ser replanteado con nuevos servicios como sala de velación, hornos
de cremación y salas de tanatopraxia para insertarse dentro del campo funerario
contemporáneo, pero, como él recalca: "Este cementerio es importante
porque aquí está la historia.”
La Red Ecuatoriana de Cultura Funeraria se
complace en dar la bienvenida a su nuevo miembro honorario y se compromete a
brindar la ayuda técnica requerida para su proceso de valoración patrimonial.
Seguramente, en los próximos meses, se sabrá cuáles han sido los resultados de
este primero, pero importante acercamiento.
La gente se muere al otro lado de nuestras cucharadas de azúcar.
Millones de personas fallecen sin que nadie sepa por qué, a miles de
kilómetros. Si alguien se concentra en una de estas cucharaditas de azúcar
antes de echarla al café, quizá pueda desandar mentalmente el recorrido del
edulcorante por el planeta hasta llegar a la casa de cemento de Virginia
Chunguana y Elidio Carlos Lima. La pareja, de 21 y 30 años, vive en Manhiça, un
municipio rural en el sur de Mozambique, uno de los países más pobres del mundo.
Elidio trabaja como temporero, por unos 56 euros al mes, para la mayor fábrica
de azúcar de la región: una mole industrial erguida sobre campos de caña,
perteneciente a la multinacional británica Associated British Foods, la
propietaria de la marca española Azucarera y de la cadena de ropa Primark.
Virginia, con un nudo en la garganta, intenta relatar hoy la muerte de su bebé
hace solo 30 días.
“La verdad es que no tenemos ni idea de por qué muere la mayor parte de
la gente en los países más pobres”, resume con crudeza el pediatra español
Quique Bassat, mientras se dispone a escuchar a Virginia a la sombra de un
mango, entre patos, dos cerdos y un gallo. El sol abrasa. El bebé, según
rememora la chica, nació sin vida, en su casa de cemento, tras un parto
interminable que empezó un día y acabó el siguiente. No hay muchas más pistas.
El fallecimiento, sin un culpable conocido, es una tragedia insoportable para
la familia, pero solo un caso más para la estadística. La OMS calcula que unos
5,6 millones de niños mueren anualmente antes de cumplir los cinco años, sobre
todo en África y el sur de Asia. Y menos del 3% de los fallecimientos son
certificados por un médico.
“No solo no sabemos de qué muere la gente, sino que en muchos casos
incluso no somos capaces de detectar que muere gente. Eso es lo que algunos
llaman el escándalo de la invisibilidad. Te mueres, pero no queda registrado en
ningún sitio ni siquiera que habías nacido”, lamenta Bassat, investigador ICREA
en el Instituto de Salud Global de Barcelona.
Virginia responde a las preguntas de Bassat y su equipo. Es una autopsia
verbal, en la que las palabras hacen de bisturí. En muchas regiones del mundo,
este es el único método disponible para intentar averiguar la causa de un
fallecimiento. Mientras Virginia contesta con susurros, su único hijo vivo corretea
alrededor con una ametralladora hecha con ramas de papayo. Hasta 1992, Manhiça
fue escenario de la guerra civil que arrasó el país durante 16 años. Algunos
vecinos cuentan que los combatientes de la Resistencia Nacional Mozambiqueña,
anticomunistas, cortaban las cabezas de los marxistas del Frente de Liberación
de Mozambique y las paseaban en picas. Otros hombres, según narran las mismas
fuentes, eran mutilados a punta de machete para imitar en su piel los bolsillos
de las guayaberas, la vestimenta caricaturesca de los comunistas.
Así fue Manhiça hace no tanto. Hoy, el gran enemigo es el sida. El 40%
de los adultos vive con VIH. Sin embargo, es un lugar para la esperanza. Estas
tierras preñadas de azúcar han visto nacer una nueva herramienta, rápida y sencilla,
para determinar con precisión la causa de una muerte: la autopsia mínimamente
invasiva, desarrollada por el equipo de los investigadores españoles Quique
Bassat, Clara Menéndez y Jaume Ordi. “La fiabilidad de la autopsia verbal es
bajísima. En algunos casos, incluso puede ser peor que decir un diagnóstico al
azar. La autopsia mínimamente invasiva, sin embargo, logra en niños hasta el
89% de concordancia con las autopsias completas”, describe Bassat.
Es lunes y el cadáver de una niña de 10 años espera a los investigadores
en una sala del Hospital Central de Maputo. En la estancia contigua, los
cuerpos de tres adultos son sometidos a autopsias completas. Sus torsos están
abiertos en canal, con los pulmones, el corazón y el resto de órganos colgando
por fuera como racimos de uvas. Un eviscerador se afana en abrir el cráneo de
una mujer joven, con largas trenzas africanas, mediante una pequeña sierra
eléctrica circular. La escena parece una carnicería. Además de caro y complejo,
el procedimiento es inaceptable para muchas familias.
Sin embargo, el cadáver de la niña de 10 años está listo para una
autopsia diferente. Su cuerpo preside una sala nueva y limpia. Lleva tan poco
tiempo muerta que parece que está viva. Todavía es muy fácil imaginarla riendo
y jugando, como cualquier chica de 10 años. En su pecho, un folio escrito a
mano y pegado con celo a su piel informa de su nombre, su edad y su raza.
Marisa (nombre ficticio) falleció horas antes tras una semana con vómitos y
dificultades para respirar. Fue todo muy rápido.
La patóloga mozambiqueña Luisa Jamisse comienza a meter y a sacar con
mimo una fina aguja de biopsia en el cuerpo de Marisa, para tomar muestras del
tamaño de un fideo de su hígado, de sus pulmones y, a través de la nariz, de su
cerebro. También extrae con una jeringuilla unos pocos mililitros de sangre y
líquido cefalorraquídeo. El proceso apenas dura 30 minutos. Es tan sencillo que
lo podría hacer cualquiera.
“En la cultura africana, las
autopsias completas son un tabú. Nos dicen: si no diagnosticasteis a mi hijo en
vida, ¿por qué queréis abrir su cuerpo ahora que está muerto? Lo bueno de la
autopsia mínimamente invasiva es que podemos devolver el cadáver intacto a su
familia”, explica Cesaltina Ferreira, patóloga del Hospital Central de Maputo,
ante el cuerpo inmaculado de la niña. El caso de Marisa, admite Bassat, “es un
ejemplo claro de una muerte muy aguda en la que no tenemos ni idea de lo que ha
pasado”.
La autopsia mínimamente invasiva es potencialmente tan rápida, limpia,
sencilla y barata que ha inspirado un proyecto internacional, financiado con 75
millones de dólares por la Fundación Bill y Melinda Gates. La iniciativa,
bautizada CHAMPS, despliega ahora esta metodología en seis países —Mozambique,
Sudáfrica, Bangladesh, Kenia, Etiopía y Malí— para identificar durante los
próximos 20 años las verdaderas causas de muerte en los países más pobres.
Lo que parece sencillo en un país rico es una tarea endiablada en los
poblados profundos de África, siempre muy cerca de un hechicero y demasiado
lejos de un médico. En su choza de ladrillos de barro en Manhiça, el curandero
Eugenio Carlos Massimbe, de 40 años, se arrodilla y lanza en el suelo un puñado
de conchas de moluscos, como si fueran dados en un casino. Tras mirarlas en
silencio, vestido con una camiseta de la selección de fútbol de Sudáfrica y una
falda con la cara del rey de Suazilandia, Massimbe proclama con solemnidad:
“Los curanderos luchamos contra las maldiciones que echan los brujos para
provocar enfermedades en las personas. Echamos a los espíritus malignos”.
“Aquí en Mozambique, y en Manhiça en particular, el fenómeno de la
muerte se ve como algo muy místico, que está influido por creencias religiosas
y tradicionales”, explica la antropóloga Khátia Munguambe, del Centro de
Investigación en Salud de Manhiça (CISM). Su equipo intenta identificar las
barreras culturales para la aceptación de las autopsias mínimamente invasivas.
“Estamos en un país en el que el tráfico de órganos es una realidad. Las
personas son raptadas para extraer sus órganos para ritos tradicionales. Esto
está documentado y ocurre en países de África subsahariana. Así que es muy
fácil que las personas asocien una nueva tecnología a lo que ya saben que
ocurre. Nuestro papel es frenar esos rumores”, sostiene Munguambe.
La investigadora pone otro ejemplo de los bulos que corren de boca en
boca y amenazan con arruinar las nuevas políticas sanitarias. “Hemos detectado
la creencia de que las mujeres contraen cáncer de cuello de útero porque tienen
relaciones sexuales con hombres casados”, señala Munguambe. “Se piensa que las
esposas de los hombres acuden a brujos para que hechicen a las amantes, con el
resultado de un tumor. Esto crea mucho estigma. Las mujeres tienen miedo de
descubrir que tienen un cáncer de cuello de útero, porque serán acusadas de
adulterio”.
El Centro de Investigación en Salud de Manhiça es uno de los epicentros
de la búsqueda de las causas de la muerte. La institución se creó en 1996, con
apoyo de la Cooperación Española y bajo el liderazgo del epidemiólogo Pedro
Alonso. Hoy, la organización mozambiqueña está hermanada con el Instituto de
Salud Global de Barcelona, un centro impulsado por la Fundación Bancaria
"la Caixa". La médica Clara Menéndez ha trabajado en ambos lugares
desde el primer día.
“Cuando sabemos la causa precisa de una muerte después de realizar una
autopsia mínimamente invasiva, es frustrante, porque la mayoría de las muertes,
yo diría que hasta el 90%, podrían haberse prevenido”, lamenta Menéndez, directora
de la iniciativa de Salud Materna, Infantil y Reproductiva en el Instituto de
Salud Global de Barcelona.
La de la niña Marisa es una de esas muertes frustrantes. El patólogo
Jaume Ordi recibe las ínfimas muestras del cadáver un día soleado en el
Hospital Clínic de Barcelona. “Hemos podido confirmar, con los análisis
anatomopatológicos y microbiológicos, que la niña murió de neumonía, pero tenía
además una malaria cerebral, que contribuyó también de forma significativa a su
muerte”. Ambas enfermedades eran fácilmente prevenibles y tratables con
fármacos de unos pocos euros. Marisa, como otros millones de niños cada año, no
tendría por qué haber muerto.
“Este proyecto puede significar una verdadera revolución en la salud
pública, porque por primera vez tendremos unos datos fiables que nos permitirán
entender de qué se muere la gente en los países más pobres”, confía Quique
Bassat. “Y entender de qué se muere la gente en los países más pobres nos
permitirá cambiar las cosas: cambiar nuestras políticas actuales de salud para
prevenir que estas muertes ocurran en el futuro”.
Docentes de la
Facultad de Arquitectura de la Universidad de las Américas de Quito (UDLA) han
invitado a la Red Ecuatoriana de Cultura Funeraria a participar en los talleres
de prácticos de sus estudiantes de últimos niveles.
Nuestros especialistas
brindarán apoyo a los estudiantes mediante el análisis de proyectos que tengan
como centro a la arquitectura funeraria contemporánea. Los diversos espacios y
talleres serán la oportunidad para debatir en torno a las nuevas espacialidades
para la gestión de la muerte, la banalización de la vida, la virtualidad y los
futuros post humanos.
La colaboración entre
la academia y la Red Ecuatoriana de Cultura funeraria se enmarca dentro del
principio de difusión de los estudios de
la muerte que nos sustenta como red y que se constituye en uno de nuestros
principios de acción comunitaria.