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martes, 24 de abril de 2018

El cementerio San Pedro es un referente iberoamericano


Por: Valentina Vogt 
Para EL TIEMPO
valalb@eltiempo.com
Fotografías: Jaiver Nieto
Fuente: http://www.eltiempo.com/colombia/medellin/el-cementerio-san-pedro-es-un-referente-iberoamericano-207820




El Museo Cementerio San Pedro es una réplica concentrada de Medellín. Está dividido por barrios, que a su vez fragmentan la superficie por estratos; están los populares y las élites haciendo un retrato de una realidad social que perdura. Está comprimida la historia, con sus violencias y sus dolores. Está dibujada una corriente artística, con sus mutaciones. Y también la transformación arquitectónica que habla de un cambio de percepción.

Pero además, el camposanto es un referente estadístico con datos reales de la vida y la muerte. Y esos opuestos albergan ejemplos de olvidos personales alrededor de tumbas que no reciben visitas. Pero también lápidas a las que les brotan recuerdos y flores y cartas de adiós.

Además de ser la necrópolis más antigua que todavía está en uso en Medellín, el lugar ha logrado posicionarse como un punto de encuentro cultural desde que se convirtió en museo hace 20 años, asumiendo la memoria como un valor atractivo.

En 1998 el espacio fue declarado museo. Para el Concejo Internacional de Museos (Icom), los requisitos para la declaratoria son: ser un espacio abierto al público, que conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad. Y todo lo cumplía y lo sigue cumpliendo el San Pedro.

La Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, una alianza consolidada en el año 2000 para proteger espacios como este en 13 países hispanohablantes, decidió reconocer los esfuerzos del camposanto por ser un referente para los demás camposantos.

De hecho, el primer encuentro de la red se llevó a cabo en el San Pedro hace más de 18 años, pues desde entonces era validado por los integrantes de varios países como una referencia.

Cementerios como el de la Recoleta, en Buenos Aires (Argentina) o el Torrero de Zaragoza (España) también hacen parte de la red y, según Diego Bernal, historiador y miembro activo de la corporación, estos espacios, que también cuentan con un valor histórico y cultural evidente, han encontrado inspiración en la experiencia del San Pedro.

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“El cementerio para la red es una escuela por su innovación. Aportó para que el cementerio de Lima (Perú) sea hoy un museo cementerio, también para el Británico de Montevideo (Uruguay)”, aseguró Bernal.

La red quiso entonces, reconocer el trabajo que ha permitido recuperar un espacio que simbólicamente estaba muy deteriorado, que había perdido viabilidad con el paso del tiempo.
Son 176 años de historia alojada en 30.000 metros cuadrados de tierra. Un lugar que puede contar mejor que cualquier historiador el acontecer local y que sigue alimentándose de nuevos relatos. Parte de esa capacidad está en la forma de repensar un espacio como este.

Para Patricia García, directora del Museo Cementerio San Pedro, el valor del espacio radica, sin duda, en las vidas interrumpidas de quienes han llegado desde 1842, año en el que fue fundado gracias a la iniciativa del médico Pedro Uribe Restrepo.

En ese sentido, el entendimiento del camposanto como un lugar de encuentro en la ciudad, no puede darse sin reconocer que su función principal es la de darle sepultura a los muertos. “Tenemos que entender su condición de cementerio, para entenderlo como museo”, aseguró.

Entre la tradición de quienes celebran la vida de los familiares que perdieron, una variada oferta cultural permite involucrar a las nuevas generaciones en las prácticas que se dan dentro del cementerio. “Con sus historias y materialidad han demostrado efectos y sentimientos que nos sirven para contar una historia que no es la de la muerte, es la de la memoria”, agregó la directora.

Lo que empezó siendo una auto representación de las élites, quienes decidieron crear el espacio, es hoy un punto de convergencia tan real como la confluencia natural de las gentes de Medellín. Y los visitantes pueden llevarse una impresión de la ciudad, gracias a un guión museológico que divide el lugar en cuatro momentos: los cambios de la sociedad antioqueña alrededor de los años veinte, la apropiación del espacio por parte de la cultura popular entre 1971 y 1997 y la reflexión que inunda hoy los rincones de la necrópolis.

Ser un escenario cultural, le ha permitido al San Pedro mantenerse en los imaginarios sociales de la ciudad. Sin embargo, desde su administración aseguran que el sostenimiento del cementerio se logra a través de la sepultura, y que la cultura es un valor agregado, una puerta al conocimiento y una forma de construir identidad.

viernes, 14 de agosto de 2015

San Bernardo, el pueblo donde los muertos se convierten en momias




Por Alberto Mario Suárez
Fotografías Rodrigo Sepúlveda El Tiempo

Los diez años que lleva de muerto no le han quitado al viejo Albertino Pabón el corte de cabello que tenía el día en que falleció, el 5 de diciembre del 2005, y que conservó toda la vida. Solía tener el pelo corto, casi a ras, y la muerte lo sorprendió así: peinado a medio lado, hacia la izquierda. Como siempre.

Tenía 70 años cuando ocurrió. Su piel morena se ha tornado oscura, rugosa, como si se hubiera convertido en cartón. Lo enterraron con un saco marrón de telas gruesas y con pequeños cuadros tejidos. En vida solo usaba ese color y el azul para vestirse. Ambos en tonos oscuros, aunque su favorito era el azul, porque así le rendía homenaje a su “glorioso partido conservador”, solía decir.

Es mediodía del jueves 18 de junio. El cuerpo de Albertino tiene las dos manos puestas sobre el pecho. Está en una urna de cristal en el cementerio de San Bernardo, un municipio de Cundinamarca donde buena parte de los muertos se convierten en momias por razones desconocidas. Pasa tan seguido que la Iglesia decidió construir un mausoleo para guardarlas en urnas de cristal, cuando las familias lo permiten.

Las paredes del mausoleo son de color azul y salmón, en tonos claros. Tiene dos pisos. En el primero están los cuerpos de cuatro sambernardinos. Al lado de la urna de Albertino permanece la señora Saturnina Torres de Bejarano, que tiene un letrero encima, colgado de una pared, donde dice que fue la esposa de Ismael Bejarano, que tuvo 12 hijos y toda su vida la consagró a los oficios del campo. “Al exhumar el cuerpo de doña Saturnina cayó una moneda de 500 pesos”, se cuenta de ella.

En el segundo piso hay otros dos cuerpos, y también los de cinco bebés que fallecieron antes de cumplir un año de vida. Tienen pequeños vestidos blancos bien puestos. Un puñado de universitarios que viajaron por cuatro horas desde Bogotá hasta el pueblo pagaron 3.000 pesos por entrar y andan por los pasillos asomándose a ver una momia tras otra. Les toman fotos. Se sacan selfis.

Dora Cilia Monroy, la mujer que cuida del lugar, está sentada en una silla de plástico. Mira a los estudiantes, espera preguntas, pero nadie se acerca. Entonces vuelve a los reporteros de este diario que la visitan y cuenta que todo empezó hace unos 50 años, cuando fue inaugurado el nuevo cementerio. El viejo estaba a orillas de un río en la parte baja del municipio, pero la corriente arrastró con algunos muertos cuando se crecían las aguas.

“Este cementerio está desde 1956. Por ahí en el 63, 64, cuando empezaron a sacar cuerpos para exhumaciones comenzaron a aparecer secos. Al principio no le tomaron mucha importancia. Pero los cuerpos siguieron saliendo y saliendo y saliendo y entonces ya como que la gente se concientizó de que aquí había algo diferente”, dice. El cementerio está en la parte más alta del pueblo. San Bernardo está recostado sobre los cerros del Sumapaz, en el sur de Cundinamarca, y el camposanto lo levantaron al costado de una montaña donde huele a pinos y flores. A la 1 p. m., el sepulturero Juan Carlos Velandia limpia las tumbas. Su trabajo consiste en enterrar y sacar y hasta volver a enterrar a los muertos que se han convertido en momias para ver si, dentro de un par de años, cuando vuelva a sacarlos, los encuentra en un estado más propicio para llevarlos a un nicho.

Tal labor ya no le causa ni miedo ni intriga tras cinco años de trabajo. Explica que cada 15 días algunas familias le piden que saque a un ser querido para llevarlo a un nicho. Al año puede sacar hasta unos 30 cadáveres muy conservados, y al menos 10 que se ven “exactos, exactos”, al día en que murieron.

“Ellos se sacan a los cinco años y están intactos y si los corta uno tienen sangre todavía, tienen carne y tienen todo. Los ojos, todo”, cuenta Juan. Aunque ver los cuerpos momificados se ha vuelto parte de su rutina, mes a mes, hay algo que no deja de sorprenderlo: si los cuerpos salen “exactos”, dice, una delgada capa de hielo les cubre todo el cuerpo. En el caso del viejo Albertino, su familia decidió sacarlo cinco años después de su muerte, en el 2010, pero no lo lograron porque “estaba congelado”, dice Dora Cilia. Parecía que tuviera un manto de hielo arropándolo dentro de su tumba. Y dos años después, cuando intentaron sacarlo nuevamente, lo encontraron humedecido. “Era como si hubiera estado flotando entre el agua y la bóveda donde estaba. Lo sacamos y lo dejamos en un cuarto sobre una tabla. Aquí hubo que dejarlo cinco meses para que secara bien”, añade la mujer.

Carmen Vijalba murió hace nueve años. Su nieta, Marina Rojas, atiende un puesto de ventas de jugos y de frutas en el centro de San Bernardo. Hasta ahora la familia ha hecho dos intentos de sacar a la abuela para dejar sus restos en un osario, que quieren llevar hasta el municipio de Icononzo, en el Tolima, donde está sepultado su esposo.

“La primera vez que lo intentaron y no pudieron fue hace dos años, pero yo no estaba, le tocó a un hermano. Pero hace 20 días yo sí fui a ver cómo estaba, con la esperanza de llevárnosla a Icononzo, pero estaba muy fresquita todavía”, dice Marina. “¿Será que uno va a quedar así también?”, se preguntó cuando la vio.

Ella, como la mayoría de los pobladores, cree que todo tiene que ver con la comida. Piensa que hay algo en los alimentos que se producen en esas tierras, y sobre todo en la guatila y el balú, una fruta y una legumbre de la región sembradas en todas las fincas, que los hace más saludables y más longevos y más fuertes, incluso después de la muerte.

En San Bernardo, de hecho, las autoridades locales se ufanan de que el municipio sea llamado “la despensa agrícola de Cundinamarca”. La economía depende principalmente del trabajo de los campesinos y el cultivo principal es el tomate de árbol: hay cerca de 1.400 hectáreas sembradas. También es común que los labriegos cultiven mora, lulo, habichuela, granadilla y curuba. El balú y la guatila no se producen para vender, pero es fácil encontrar matas de ambas plantas en la mayoría de las huertas de los labriegos, para el consumo personal, para que les ayude a morir de viejos.

La abuela de Marina Rojas vivía en una vereda llamada Nicononza y murió de un infarto a los 86 años. Consumía muchas verduras y frutas a diario. Marina enumera sus favoritas: balú, guatila, calabaza, ahuyama. “Ella se enfermaba y no era como de tirarse en cama”.

Y por eso, por la vida tan tranquila y tan saludable en el campo, es que Marina cree que su abuela sigue intacta en la bóveda en la que descansa desde hace nueve años en el cementerio.

Es algo en la tierra, insiste la mujer. Se queda pensando y cuenta que en su venta de jugos, cuando guarda moras sembradas en San Bernardo en la nevera pueden conservarse hasta 15 días por fuera del congelador. “Mientras que las de otra parte se empiezan a dañar a los dos o tres días”, sentencia.

En su despacho, el párroco Juan Carlos Clavijo también sigue sin entender por qué ocurre lo que ocurre con los muertos. Los procedimientos para sepultar a quienes se han ido son los mismos de todos los camposantos del país, cumpliendo las normas indicadas por una resolución del Ministerio de Salud. Los campesinos le han dicho que pasa hasta por los materiales con que se hacen las bóvedas. “Pero las bóvedas se hacen normales, con arena y cemento que se traen de la ferretería”, bromea.

El cura no ha gastado tanto tiempo en entenderlo como en explicarle a la gente el mensaje que para él hay detrás de todo. Y cada vez que puede les dice a los creyentes del pueblo que “Dios permite esto para que cuidemos nuestro cuerpo, para que nos demos cuenta de que el cuerpo termina y queda en eso. La parte material tiene un fin”.

La coordinadora de salud pública de la Alcaldía, Yeimi Liliana Rey, cree que el asunto tendría que ver, más bien, con el nuevo cementerio. “A orillas del río eso no ocurría”, asegura, pero también aclara que no hay estudios que lo demuestren. Y José Luis Socarrás, el director del programa de Arqueología de la Universidad Externado, explica que llama la atención del pueblo que el proceso ocurra de forma natural, pues la momificación, en los sitios donde se da, tiene que ver con procedimientos creados por ciertas culturas para preservar a sus muertos. Por eso cree que para acercarse a resolver el misterio habría que hacer un estudio profundo sobre los cuerpos, saber si tienen algo en común en cuanto a su parentesco, o los sitios donde vivían.

El experto ve difícil que se le atribuya el proceso a la alimentación que tuvieron algunas personas durante toda su vida, si también hay reportes de bebés momificados y los mismos alimentos que se consumen en San Bernardo son comunes en poblados vecinos.

Tampoco se le puede atribuir al ambiente, agrega, pues cuando una momificación ocurre por este factor tiene que ver con lugares donde existen condiciones climáticas o muy frías o muy secas. “Y este no es el caso, pues el municipio tiene un clima más bien templado. Esto lo hace aún más enigmático”.

Arley Yesid Pabón, nieto de Albertino y secretario de agricultura del municipio, vive cerca del cementerio en una casa pequeña ubicada sobre una calle polvorienta y empinada. De niño tenía problemas respiratorios y para que sus papás dejaran de viajar desde el campo al hospital cada vez que se complicaba, Albertino y su esposa decidieron traerlo a vivir al casco urbano.

Su abuelo trabajó toda la vida en la Policía y solía tener, como sus vestidos y corte de cabello, premeditado todo lo que hacía. “Aunque era una persona muy rígida, hasta para mostrar sus sentimientos, yo lo miro y recuerdo que él siempre que cobraba su sueldo compraba un mercado de carne para la semana, y dos pollos, los más grandes que encontrara en un mercado, y ese era el almuerzo del día siguiente para toda la familia”, recuerda.

Tras 50 años conociendo cuerpos que se convirtieron en momias mes a mes, en San Bernardo es difícil encontrar a quién le interese descifrar el “enigma” de por qué les pasa a los muertos lo que les pasa. Para Arley, finalmente, más vale tener el privilegio de tener los recuerdos de su abuelo que cualquier explicación de por qué se conserva. Y como al resto del pueblo, con la historia de los poderes de la tierra le basta.


domingo, 19 de julio de 2015

Memoria: ¿Cómo se hace la exhumación de NN en Colombia?


Por Política El Tiempo

Desde el 2010, la Fiscalía, el Instituto Nacional de Medicina Legal y algunas ONG vienen desarrollando una campaña para ubicar, exhumar, identificar y entregar a sus familiares miles de restos de personas que han sido sepultadas como no identificadas en los camposantos del país, varios de los cuales serían combatientes muertos en medio del conflicto.

Esta tarea recibió un fuerte impulso con la “orden” del presiente Juan Manuel Santos, en mayo pasado, para que no se sepultaran más guerrilleros como NN.

“Los padres de nuestros soldados asesinados y los padres de los guerrilleros muertos son también colombianos y sus lágrimas son las mismas, no lo olvidemos”, dijo Santos luego de la muerte de 26 insurgentes tras un bombardeo de la Fuerza Pública, en el Cauca.

Uno de los protagonistas de las exhumaciones de cadáveres no identificados ha sido el padre Javier Giraldo, un activista de derechos humanos quien desde hace varios años ha estado vinculado al Centro de Investigaciones y Educación Popular (Cinep).

En diálogo con EL TIEMPO, el padre Giraldo contó cómo ha sido el proceso de ubicar y exhumar estos cuerpos, algunos de los cuales, según datos que entregó hace algunos días la Fiscalía, serían guerrilleros muertos en combate.

El padre Giraldo afirmó que entre los camposantos que se han visitado durante la campaña hay cinco que concentran el diez por ciento de los más de 20.000 enterrados como no identificados en el país: La Macarena, Granada, Vistahermosa y Villavicencio, en el Meta, y San José del Guaviare, en el Guaviare.

“Hay casos de familias que temen que su hijo murió en combate y que si ellos se acercan a reclamar el cadáver los van a dejar detenidos”, dijo el sacerdote.

¿Cómo ha sido la ubicación de personas sepultadas como no identificadas en cementerios del oriente y el sur del país?

En el 2010, a raíz de algunas denuncias de pobladores de La Macarena (Meta) en el sentido de que se estarían llevando combatientes muertos a su cementerio, empezamos a recorrer otros de la región como el de Granada, en el que encontramos muchas tumbas con una pequeña descripción en la que decía que había siete, cinco o tres cuerpos. En un sitio en el que no había ninguna señalización sino solamente un montón de piedras, por información de algunos habitantes, descubrimos que habían enterrado a las víctimas de un bombardeo. Los habían traído en camiones y la mayoría eran menores de edad. La Fiscalía lo pudo comprobar y exhumó más de 40 restos.

¿Qué otros cementerios visitaron?

Luego fuimos a Vistahermosa, también en el Meta, donde encontramos el mismo fenómeno. Posteriormente en Villavicencio también había una zona de tumbas no identificadas, al igual que en San José del Guaviare.

¿Cómo ha sido este proceso de exhumaciones de cuerpos no identificados?

Muy difícil. En un comienzo encontramos a una fiscal, la doctora Sandra Herrera, que estaba en la Unidad de Justicia y Paz, muy sensible a este problema. Ella nos colaboró mucho, fue la que hizo exhumaciones en Granada y en La Macarena. Después de ese descubrimiento en La Macarena se convocó, en julio del 2010, una audiencia pública de campesinos de toda la región. Vinieron unos 5.000 y dieron testimonios impresionantes de desapariciones. Algunos tenían sospechas de que sus parientes podrían estar en el cementerio de La Macarena. Se tomaron muchos datos y la Fiscalía mandó una unidad para recoger muestras de ADN y cotejarlas con los restos que se iban exhumando. Después de que la fiscal Herrera salió de allí, la colaboración ha sido casi nula por parte de la Fiscalía. Llegó un momento en que nosotros fuimos llamados por campesinos que estaban en zonas de guerra y a las que la Fiscalía o no entraba o los armados no le permitían entrar. Entonces empezamos a hacer lo que llamamos exhumaciones humanitarias.


¿Cómo es esto?

Son exhumaciones por parte de organizaciones civiles como el Cinep y la Corporación Orlando Fals Borda, entre otras. Empezamos a exhumar y llegamos a un acuerdo con fiscales para que, en una zona menos riesgosa, les pudiéramos entregar los restos y ellos pudieran iniciar las investigaciones, sobre todo el análisis de la identificación. Les tomaban las muestras a los posibles familiares y también declaraciones para esclarecer los casos. Después llegamos a un convenio ya más formal para las exhumaciones humanitarias, pero esto es muy costoso también. Los viajes a regiones de guerra, que son ordinariamente lejanas y con todo el equipo de antropología forense y personas que ayudan en esto, son muy costosos.

¿Eso lo financiaban las organizaciones no gubernamentales?

Sí.

¿Estos restos eran considerados por sus familias como personas desaparecidas o se hablaba de guerrilleros muertos en combate?

Desaparecidos porque para la familia, cuando no aparece el cadáver, es un desaparecido. La mayoría de las familias de guerrilleros muertos en combate no tienen información de dónde murió su pariente, dónde estaba combatiendo, simplemente un día se desaparece y no vuelve a comunicarse o les llega la noticia de que a su hijo lo mataron, pero no saben dónde lo enterraron, es un desaparecido.

¿Cómo es la reacción de las familias tras las exhumaciones de los no identificados?

Ha habido una medida, que fue el momento de mayor colaboración de la Fiscalía, que fue hacer un cruce con los archivos de la Registraduría. Se logró inclusive identificar, con las fotos de las cédulas, a las víctimas. La Fiscalía publicó unos folletos con las fotos y algunos datos de ellos.

¿Y empezaron a aparecer las familias?

Unos cuantos han ido apareciendo. Esos carteles los pusimos en oficinas de personerías, de la Defensoría del Pueblo, en algunas alcaldías, en la Pastoral Social y han aparecido algunas familias que se van enterado, saben que es su pariente y empiezan el proceso para reclamarlo. La Fiscalía ha entregado muy pocos restos. En el 2010 la Fiscalía hizo una encuesta a las alcaldías para preguntar cuántas tumbas no identificadas había en sus cementerios. Respondieron 868 de 1.100 y según eso había más de 20.00 casos de tumbas anónimas en el país. Es muy significativo que en los cinco cementerios de los que hablábamos antes y que nosotros visitamos e identificamos como los que tenían un número muy grande de tumbas anónimas, está el diez por ciento de cuerpos enterrados como no identificados, es decir más de dos mil.

¿Esos más de 2.000 cuerpos ya fueron exhumados?

No. Hay unos que ya fueron exhumados, pero no han sido identificados, Por eso se requiere una campaña grande y todo esto demanda recursos en las zonas en las que hubo más violencia, más enfrentamientos y desaparecidos, informar más a las familias, por todos los medios de comunicación, para que se acerquen y den los datos o se tomen una prueba de ADN. Realmente las familias están muy aisladas y desinformadas en el campo.

¿Hay familias de muertos en combate que por motivos de seguridad prefieren no acercarse a reclamar?

Sí, hay casos de familias que temen que su hijo murió en combate y que si ellos se acercan a reclamar el cadáver los van a dejar detenidos y entonces más bien no se acercan, esos casos se dan.

¿Qué significado tiene en la búsqueda de la paz lograr identificar a estos NN, algunos de los cuales serían guerrilleros muertos en combate?

Hace pocas semana el mismo presidente Santos anunció una orden para que no se entierre un guerrillero más como no identificado, que se les entreguen a los familiares los restos. Es impresionante que algo que es una norma, podríamos decir milenaria de la humanidad, apenas hasta ahora se convierte en norma en Colombia. Se habían tolerado ese tipo de inhumaciones, que es como una segunda muerte de la persona o una tortura permanente para la familia, porque se tenía esa costumbre de no entregar los cadáveres. Es como ese afán de destruir totalmente a la persona, sus memorias, sus restos y humillarlo hasta el máximo, de estigmatizarlo hasta el máximo y eso se había convertido en normal cuando en todos los Convenios de Ginebra, por ejemplo, se ordena la entrega de los restos de los combatientes y enterrarlos dignamente, pero Colombia, que había firmado todo esos tratados, los violaba permanentemente.


martes, 24 de junio de 2014

Colombia: la triste búsqueda de la identidad de los NN







Fuente: http://www.caracol.com.co/noticias/actualidad/cementerios-en-colombia-no-reportan-sus-nn/20140623/nota/2288051.aspx

En Colombia se realizó una detallada encuesta para identificar los restos de personas desaparecidas  y que han sido enterradas en cementerios de diversas localidades. El objetivo de la encuesta era iniciar un trabajo de identificación que estaría a cargo de la Subdirección de exhumaciones de la Fiscalía. El formulario de preguntas fue enviado a las autoridades de más de 1.000 municipios en todo el país y sólo en los 100 que respondieron.
El total de NN en los cementerios superó los 2.000, algo que para los expertos del CTI se habría evitado de reportar a tiempo su ubicación.
Departamentos como Meta, Cundinamarca, Antioquia, Caquetá, Nariño, Norte de Santander y Putumayo son los de mayor número de personas fallecidas y sin identificar.
El asunto es más complicado que simplemente no reportar los NN, le dijo a Caracol Radio uno de los científicos de exhumaciones en la Fiscalía.
“De conocer que en cierto cementerio hay tal número de NN, se dispone un equipo de científicos para que adelanten labores de identificación y quizá, a las personas que buscan a sus seres queridos reportados como desaparecidos, se les hubiera dado ya una respuesta”.
Los cientos de muertos sin identificar en los municipios que respondieron la encuesta, dejan en evidencia, según la Fiscalía, un desinterés por el tema y en algunos casos falta de preparación o desconocimiento de los funcionarios que realizan las primeras diligencias luego del fallecimiento.
Las muertas fueron por causas tan comunes como accidentes de tránsito o riñas, algunos de forma natural, pero lo cierto para la Fiscalía es que muchos se habrían identificado con un trabajo más riguroso tanto de los investigadores de la Policía, los guardas de tránsito y hasta los peridotos de Medicina Legal.
En un trabajo de identificación que realizó la subdirección de exhumaciones de la Fiscalía en algunos de los cementerios que reportaron la encuesta y el número de NN que tenían, fue posible establecer la plena identidad de al menos 100 cuerpos que se han entregado gradualmente a sus familiares.
Es posible entonces disminuir la brecha entre establecer la desaparición de una persona y darle una respuesta a quien la busca. En varias publicaciones internas la Fiscalía presenta informes sobre la situación de NN en cementerios como La Macarena y Granada en el Meta y San José de Guaviare en el Guaviare; la situación es la misma, muchos fueron identificados, pero son más lo que siguen en lista pues la falta recursos y presupuesto son ahora el principal problema.

La subdirección de exhumaciones de la Fiscalía junto con el Instituto de Medicina Legal presenta periódicamente un informe a manera de cartilla con las imágenes de muchos NN que fueron encontrados en jornadas de identificación en todo el país, la publicación se conoce como la Revista Rastros.
Algunos con nombre otros con señas físicas muy características, aparecen en un álbum en el que familiares de desaparecidos pueden establecer si su ser querido ya fue encontrado por los investigadores, desafortunadamente muerto.
Desde 2007 los fiscales, científicos e investigadores han exhumado más de 5.000 cuerpos de víctimas de la violencia, 2.699 ya fueron identificados  y 589 ya fueron entregados en ceremonias a sus familiares. Otros 2.551 no han sido identificados y a estos se les suma los encontrados en los cementerios como NN.
En las cartillas informativas que presenta la Fiscalía para facilitar la identificación de los NN, cuando ningún método científico resulta convincente, los fiscales diseñaron un álbum de prendas, de ropa que utilizaron las personas en el momento de su muerte. Un compendió de chaquetas, sacos, zapatos, ropa interior y hasta accesorios como anillos, relojes y aretes de los NN aparecen con reseña en el álbum. En cada prenda la Fiscalía entrega una descripción de cómo, cuándo y dónde fueron encontrados para limitar la búsqueda de seres queridos.

Las cartillas presentadas en cada inspección y cada procedimiento de exhumación, resultan para los mismos fiscales, una muestra tenebrosa de signos de violencia y maldad en el país, pero son al mismo tiempo un trabajo de dedicado de científicos al servicio de la verdad.

sábado, 22 de febrero de 2014

Bogotá: desaparecen los marmoleros del Cementerio Central


Los tradicionales marmoleros del Cementerio Central enfrentan la posible desaparición de su oficio.
En la necrópolis bogotana, en el Cementerio Central, las cuchillas y los taladros ya no retumban como antes. La gente se sigue muriendo, por supuesto. Pero ahora, el polvo de los mármoles ya no forma su nube blanca.
Los bogotanos, los colombianos en general, han optado con los años por deshacer sus cuerpos en ceniza, meterlos en pequeñas urnas. Y que los lancen al mar, al río o al jardín.
Todo por ahorrar los costos de la muerte. Ellos, los marmoleros, han tallado lápidas de guerrilleros y de presidentes, de artistas y hombres corrientes.
Hoy, entre las grandes máquinas cortadoras y los artesanos menores, una tradición de varios siglos se asoma a su final.
“La sobrepoblación del planeta. Usted sabe. El que nace, muere. Por eso nos iba tan bien. Pero ahora yo quiero hacer baldosines, diseños y espacios monumentales: pisos y murales. Porque hoy la gente prefiere la cremación, enterrarse por allá debajo de un palo en una finca”, dice, Leonardo Rueda, experto en simbología fúnebre y tallador desde los 13 años.
Cuando las ventas han caído casi en un 70 por ciento, no queda más remedio que recordar los buenos tiempos. “En 1900, las piedras se bajaban en carretillas grandes y se armaban los mausoleos allá adentro. Valía 18.000 pesos en esa época y una casa en el Samper valía seis mil. Y él, mi bisabuelo, tenía diez y quince obras al tiempo. Haga la cuenta”.
Henry Cárdenas, artista plástico y vecino de Leonardo, ha sabido sortear el cambio con dificultades, diversificando su labor. Hace esculturas, talla las direcciones de las casas.
“Yo tallaba 5 lápidas al día hace 10 años. Ahora, apenas hago un par a la semana. Son sencillas. No como antes, que pedían detalles como poemas y un buen trabajo en mármol que podía llegar a costar incluso millón y medio”, dice Henry.
Pero todo oficio trae su castigo. Ese mismo polvo, tantos años absorbido, es el causante de una enfermedad irreversible que es casi una plaga entre los marmoleros: la silicosis, producida por la inhalación de partículas (menores de 5 micras) de sílice que se van asentando en los pulmones.
“Yo le tengo miedo a la muerte. Pero cuando ocurra, prefiero que me cremen”, dice Henry, el más avezado de los artistas, negando con este gesto definitivo su profesión.
Todavía, en la carrera 18 se puede percibir la fatalidad del aroma silvestre de las flores para los muertos. A su lado, hombres aislados, iluminan las placas de mármol con sus trazos sobrios.
Pero en el cementerio ya no se oyen las plegarias, las romerías, el mismo fervor de las gentes sencillas de hace unos años. La muerte ha derivado en otra cosa, menos sacra, más terrenal.
Santiago Gómez Lema

Redactor de EL TIEMPO
Fuente:http://www.eltiempo.com/colombia/bogota/talladores-de-tumbas-del-cementerio-central_13528800-4

lunes, 7 de marzo de 2011

El Cementerio de Neiva en Colombia dentro del patrimonio histórico: una entrevista con Eloisa Lamilla

Visitar las cerca de 13 mil tumbas que existen en el Cementerio Central de la capital huilense se convertirá en un ‘paseo histórico’.

Y no es para menos, con la implementación de una novedosa guía, elaborada por una joven antropóloga con raíces huilenses, se espera convertir el cementerio central de Neiva en patrimonio fúnebre.
La iniciativa que se aplicó en el cementerio Central en Bogotá, en el Cementerio San Pedro en Medellín y que está siendo materializada en Manga y Mompox, llegó a Neiva.
Ahora los propios y turistas podrán recorrer este espacio fúnebre, aprender de la historia, conocer fascinantes leyendas, cambiar su mirada del lugar, fomentar el arte y la cultura en este escenario.
La iniciativa es apoyada por la Alcaldía de Neiva a través de la Secretaría de Cultura Municipal que le apostará a la restauración del lugar, invirtiendo algunos recursos para cambiar la visión del lugar.


LA NACIÓN dialogó con Eloísa Lamilla, una joven antropóloga de la Fundación Erigaie que dedicó dos años a investigar el cementerio de la ciudad, lugar que guarda la historia de la comunidad opita.
“Siempre que hablamos de muerte se asocia a dolor, tristeza y miedo y la idea es tener otra visión. Los cementerios son la ciudad de los muertos, al igual que la nuestra, tiene calles, avenidas, mausoleos, se vende, se compra, se arrienda, hay robos, desalojos y lo que buscamos es que nos acerquemos con otra mirada”, manifestó Eloísa Lamilla.
Su propuesta gira en torno a una guía, que permita pasear el cementerio.
“A través de cinco recorridos temáticos se permitirá a los ciudadanos y visitantes aprender de la historia de Neiva, del Huila, de arte y sensibilizarse con este espacio de los muertos que está tan estigmatizado en la comunidad”, indicó Lamilla.
Una de las rutas es la ‘Memoria de los Pioneros y Forjadores del Huila’.
“En esta ruta se recorre a través de los nombres de personajes y familias insignes que primero llegaron a la ciudad”, señaló.
La segunda ruta se denomina ‘Memoria del progreso y desarrollo´.
“Son los personajes que han liderado proyectos en pro de la modernización del Huila”.
También está la ‘Memoria del movimiento cultural y educativo’.
“Está relacionado con el folclor, artes, cultura, docentes e historiadores que han marcado un hito a nivel regional como nacional”.
Así mismo, ‘Memoria popular de los afectos y el milagro’.
“El cementerio es un lugar vivo a través de las prácticas que se dan en torno a él, la gente tiene una devoción hacía ciertas tumbas, establece vínculos con algunos muertos y es bonito ver como la gente apropia el cementerio a través de esas creencias. Es un reconocimiento a esa animas milagrosas que están presentes en la vida”, manifestó.
Otra de los recorridos propuestos es ‘Memoria del conflicto’.
“Es una reflexión sobre los muertos que nos ha dejado la guerra. El cementerio es el reflejo de todo lo que pasa en la realidad colombiana, son los policías y soldados, gente que muere joven, sus familias han querido rendirles un homenaje, pero también hacen parte de una memoria ausente que está relegada al olvido histórico”, explicó Lamilla.
La guía termina con la ruta, ‘Memoria de los ausentes’.
“Son los personajes importantes para la región pero que no están en el cementerio, como José Eustasio Rivera, Monseñor Esteban Rojas Tovar, José María Rojas Garrido y José Hilario López, a pesar de no ser huilense estuvo marcado por la historia de esta región”, agregó.
La guía propone una nueva mirada al cementerio.
“Buscamos que la gente se sensibilice con este espacio, lo tome como un lugar para hacer arte, teatro, lograr que sea un nuevo espacios del turismo pero cultural. Además permiten que los estudiantes por ejemplo en vez de aprender historia del Huila frente a un tablero lo hagan recorriendo el cementerio”, indicó la Antropóloga.
La gente puede hacer sus propias rutas.
“La cartilla esperamos sea publicada antes de mitad de año, eso quiere decir que más o menos en mayo o junio podemos empezar las campañas y programas con la ciudadanía para que realicen las rutas temáticas de la mano de la Guía”, dijo.
Sin embargo, no se descarta la posibilidad de formar a un grupo de personas para que realicen una labor de sensibilización y apropiación de este patrimonio fúnebre.
Eloísa Lamilla nació en Bogotá pero a los 9 años se radicó en Neiva donde estudió su secundaria. Volvió a Bogotá y su profesión le permitió reencontrarse con el Huila.
“El cementerio me ha permitido establecer un nuevo vínculo con Neiva y con mi departamento”.
El Guía de Recorridos surge como parte del trabajo de investigación del proyecto de tesis para la maestría en Antropología de la Universidad de Los Andes.
“Las tesis tienden hacer muy académicas, así que buscamos dejarle algo a la comunidad, para que conviertan en turismo cultural y un lugar pedagógico, el cementerio. Que las personas terminen apropiándose del lugar como sucede en muchas partes del mundo, como en Medellín donde fue declarada Museo Fundación, se hacen conciertos, actividades culturales y hace parte de la identidad paisa; en Argentina se hacen recorridos guiados y es declarado patrimonio, en Francia, en Cuba y en Uruguay también”, señaló.
Eloisa Lamilla, colega caprina

Desde el 2009 inició el trabajo en el Cementerio Central con la identificación de tumbas, la historia de los personajes y la arquitectura fúnebre.
“A finales de ese año se presenta una convocatoria en Colciencias, me gané una beca como joven investigadora y nos auspician con la Fundación Erigaie el trabajo de investigación que terminó en enero de 2011”, agregó