martes, 14 de febrero de 2012

Muertos y basura?



En lo que hoy parece una combinación moralmente reprobable, los mismos terrenos empleados para enterrar a los difuntos, tenían un uso simultáneo como basureros en la ciudad de Pompeya hace casi 2.000 años. Los arqueólogos del siglo XIX ya encontraron indicios de este doble uso, pero la idea de que una misma sociedad arrojase basura donde depositaba los restos mortales de sus seres queridos, les pareció poco creíble, y asumieron que los cementerios fueron primeramente abandonados, y tiempo después usados como vertederos por otras gentes.
La utilización simultánea de los terrenos para ambas funciones se ha venido considerando, por tanto, inconcebible. Pero ahora un nuevo estudio indica que sí se dio este uso simultáneo tan perturbador. Tumbas y basura convivían juntas en Pompeya, antes de la erupción del volcán Vesubio que sepultó a la ciudad bajo enormes cantidades de ceniza y piedra pómez.
Ésta es la conclusión a la que ha llegado el equipo de la arqueóloga Allison Emmerson.
La nueva investigación contradice suposiciones ampliamente aceptadas sobre cómo y por qué se han encontrado antiguos montones de basura apilada en y alrededor de las estructuras funerarias ubicadas en diversas partes de Pompeya. Estas acumulaciones de desechos incluyen huesos de animales despedazados y carbonizados, huesos de perros y caballos, fragmentos de cerámica y material arquitectónico roto. Se encontró basura dentro y junto a estructuras de tumbas. Incluso en un conjunto de tumbas, esta basura permaneció casi igual a como estaba en el año 79 de nuestra era, debido a que la gruesa capa de cenizas que cubrió al conjunto también la conservó.
La presencia de estos materiales de desecho en cementerios, algo que en otras épocas y culturas se consideraría un sacrilegio abominable, ya la detectaron los arqueólogos del siglo XIX en sus trabajos de excavación en Pompeya, pero ellos asumieron que las tumbas excavadas llenas de basura antigua debieron haber caído en desuso y deterioro casi dos décadas antes de la erupción catastrófica del Vesubio en el año 79 d.C. Ellos (y arqueólogos posteriores) teorizaron que las tumbas de Pompeya estaban cubiertas de basura debido, en parte, a un potente terremoto ocurrido en el año 62 d.C. y a que las tumbas fueron abandonadas y olvidadas después del terremoto, ya que la ciudad debió haber estado en decadencia y sus habitantes centrados en cuestiones más pragmáticas.

Un cementerio a la Donald Trump


El magnate estadounidense Donald Trump planea construir un cementerio 'muy discreto' para él y su familia en su exclusivo club de golf de Bedminister (Nueva Jersey), según publica el diario Star Ledger. 'Trump y yo tenemos la misma edad: 65 años. Es una realidad que todo el mundo intenta ignorar, pero nosotros estamos empezando a pensar en ello', ha indicado su asesor Ed Russo.
Según el asesor del millonario, el camposanto 'será muy discreto, no una manifestación estridente para llamar la atención'. Ambos quieren asegurarse de que 'se lleva a cabo de una forma respetuosa y apropiada'. De hecho, estaría 'fuera de la vista', ha precisado, para añadir que los socios del Trump National Golf Club 'apoyan totalmente' el proyecto.
'¿Dónde preferirías descansar: en algún cementerio en el que, dos generaciones después, nadie recordará dónde estás, o en un campo de golf donde las generaciones futuras disfrutarán de su tiempo?', enfatizó Russo. Sin embargo, los trámites para materializar esta idea podrían alargarse aún durante dos años hasta que reciban luz verde de las autoridades locales, añade el citado periódico.
Ésta no es la primera tentativa de Trump, cabeza de un imperio inmobiliario en el que trabajan unos 20.000 empleados, de destinar las instalaciones de su campo de golf a otros usos. En 2007 ya propuso levantar en él una lujosa capilla nupcial que se transformaría posteriormente en el mausoleo familiar, pero las críticas y la posible interferencia con el funcionamiento normal del campo le hicieron desistir del proyecto, según recuerda el Star Ledger.

Encuentran cementerios romano y musulmán en Mérida


Dos cementerios, uno de época musulmana y otro romano, del siglo III después de Cristo, han salido a la luz a raíz de varias excavaciones previas a las obras que se llevan a cabo en una carretera comarcal de Mérida.
El Gobierno extremeño informó del descubrimiento y precisó que el primer cementerio es de la etapa emiral y está situado en el término municipal de Esparragalejo, en el tramo de vía que une esta localidad con La Garrovilla.
La excavación ha terminado y se han documentado 50 tumbas por inhumación en fosa, con restos humanos en 41 de ellas, correspondientes a niños y adultos de ambos sexos, sin ajuares funerarios.
Según la arqueóloga responsable de esta intervención, Yolanda Picado, es un cementerio vinculado con un núcleo de población sin identificar en el que las tumbas están perfectamente alineadas y organizadas, con acceso fácil a todas ellas.
El segundo cementerio, de época romana, se ubica cerca la villa romana de Araya, un complejo con el que se vincula y se calcula que habrá entre 125 y 150 sepulturas.
Fuente: El períódico de Extremadura

Granada: a mi muerto lo limpio yo!


Un grupo de usuarios del cementerio de San José se manifestó ayer por la mañana a las puertas del camposanto de la capital contra la prohibición que impide a las floristas que les presten escaleras para poder adecentar los nichos de sus deudos. Tal y como adelantó IDEAL, fueron las tres floristas que prestan sus servicios en el cementerio las que convocaron la insólita protesta contra la decisión de Emucesa, la empresa municipal que rige los destinos del camposanto, de prohibir, por razones de seguridad, el préstamo de escaleras.
La costumbre hasta ahora era que las floristas dejaban las escaleras a sus clientes para que estos pudieran colocar los ramos en las sepulturas o pudieran limpiarlas . Ya no pueden hacerlo. La alternativa es alquilarlas a Emucesa a seis euros las unidad, incluido el escalerista.
De ahí que los detractores de la nueva medida se manifestasen detrás de una pancarta en la que se podía leer: «Sí al servicio de escaleras gratis. No a la privatización».
Los participantes en la protesta exhibieron también carteles con leyendas como: «Mis difuntos quiero limpiarlos yo» –ahora lo harán los escaleristas– o «Emucesa, no somos tu presa»
Por su parte, como ya publicó este periódico, Emucesa dice que el préstamo de escaleras «podría reportar responsabilidad para Emucesa» si se produjera una accidente, «una responsabilidad que en absoluto podemos asumir al escapar a nuestro control».

lunes, 13 de febrero de 2012

27 artistas exponen sobre la muerte en España


73x73x273, el título de una exposición de 27 artistas dedicada a la muerte, hace suponer que dentro todo va a ser bastante más lúgubre y fúnebre, que el lugar va a oler a incienso y velas rojas de camposanto en el mejor de los casos, y a podredumbre de crisantemos y claveles si hay menos suerte. Pero las expectativas no se alcanzan. 73x73x273 son las medidas de un nicho estándar, de esos de hormigón que ahora ya se venden por módulos y van a los cementerios en camión, como las dovelas de un viaducto del AVE.
La muestra, que se inauguró el jueves pasado en la iglesia de la Universidade de Santiago, junto a la praza de Mazarelos, viajará en marzo a la capilla de Santa María de Lugo y lleva por sobrenombre aclaratorio uno de los habituales eufemismos referidos a la muerte: “A irmá do sono”. Claramente la hermana mayor, o la que al final siempre se sale con la suya, y que además, según el propio texto de presentación de este compendio de obras dispares, algunas de ellas rescatadas de otras muestras, es “consustancial a la vida, sin cuya existencia no tendría razón de ser”. Fátima Otero, comisaria junto con Cristina Carballedo, tiene grandes esperanzas en el éxito de la exposición por su temática, “muy seductora”, que vuelve sobre “una cuestión muy presente en la cultura gallega, que en el siglo XX y en el XXI nos empeñamos en convertir en tabú” mientras que “con ella se convivía sin ningún problema en la Edad Media”.
La muerte es el nexo común, a veces parece que traído por los pelos, de las obras que forman parte de esta muestra colectiva. En algunos de los artistas presentes en ella, como Ana Soler, “es un tema muy recurrente”, recuerda Otero. Esta vez, con una pequeña selva de tijeras, buena parte de ellas de barbero, que cuelgan del techo dispuestas en ristras, atadas con tanza, Soler quiere representar el “miedo permanente, la amenaza ante la muerte sobrevenida en cualquier instante”. Por su parte, Xurxo Oro Claro aporta las figuras metalizadas de un padre y su hijo, que camina con correa, como un can. Más que la ausencia de vida, lo que se expresa es un flagrante maltrato infantil que bien podría derivar en o hacer desear la muerte.
Pero entre los creadores reunidos para esta cita, con toda la intención coproducida por la Universidade de Santiago y la Diputación de Lugo en iglesias, y en el caso de Santiago “en una ciudad fundada en torno a un enterramiento”, también están Antón Lamazares, Paco Pestana o Xurxo Lobato y sus pasionales y sangrantes vírgenes barrocas. Pamen Pereira ha colgado su chaqueta que llora cera. Eduardo Valiña desperdiga su escenografía de la matanza. E Ignacio Pardo muestra a ras de suelo su vídeo en vaivén de un cuerpo femenino sumergido en paz, como si la muerte fuese en realidad un regreso “al origen de la vida”, una vuelta “al placer perdido de sumergirse en el líquido amniótico”. También podría ser formol.
Algo más adelante, en el itinerario giratorio, una escultura de Ramón Conde representa a la muerte como una maternidad, acunando a un niño en sus brazos descarnados. Es la idea del eterno retorno. Y el fotógrafo Manuel Sendón contribuye con tres hermosas estampas rurales que, de tan cotidianas, ya ni se aprecian. Son dos puertas y un poste, carcomidos por la intemperie, que sirven habitualmente de soporte de las esquelas o notas necrológicas que las empresas funerarias suelen grapar en los lugares más transitados de los pueblos. En las tres imágenes solamente se ven madera, grapas oxidadas e infinitas esquinas blancas de sucesivos folios arrancados. Pero se adivina, después de mirar un rato, por un teléfono que empieza por 988 y un topónimo despistado, que se trata de algún lugar de Verín

La resurrección del Pepino da inicio al carnaval boliviano


El personaje representa la alegría y picardía del espíritu del Carnaval.
A lrededor de las 12.25 de ayer, miembros de la Asociación de Comparsas de La Paz trasladaron al Pepino en su colorido y original ataúd en un carro fúnebre frente a la puerta principal del Cementerio General de La Paz. Cuatro personas, entre ellas Javier Escalier, presidente de la Asociación, cargaron el féretro con el acompañamiento de una banda de más de 30 músicos que interpretó marchas fúnebres. Así, la multitud se trasladó desde el panteón rumbo a los predios de la ex-Estación Central, donde se tenía previsto que el personaje saliera de su cajón pintado con vivos colores. Por el recorrido, el Pepino asomaba burlescamente su cabeza, pies o brazos. La gente gritaba su nombre y le lanzaba pétalos de flores. Uno de los que cargaban el ataúd golpeaba el cajón y le decía: “Pepino, despertá; llegaron tu mamá y tu mamacita”. En el camino hacia la exestación de trenes, gran número de personas se sumaron a la celebración, entre niños, jóvenes y adultos. En el trayecto, el ritmo de la música de la banda se volvió más alegre y de pronto más de una centena de bailarines de la comparsa de ch'utas y pepinos de Los Fanáticos acompañaron el cortejo fúnebre. Dicha agrupación estuvo a cargo del desentierro este año.
El acto central. En uno de los tres escenarios preparados se colocó el cajón del pepino. Para ayudarle a despertar, la Reina, la Señorita y la Miss Elegancia del Carnaval Paceño regalaron besos al colorido personaje. Luego, otro pepino se acercó al “muerto” con una jeringa gigante cargada de felicidad y alegría. Una vez que se le aplicó la inyección, el pepino, alegre y juguetón, despertó listo para iniciar las celebraciones del Carnaval Paceño 2012 con un programa de lujo.
El Desentierro del Pepino simboliza el inicio del Carnaval Paceño. Fue creado hace más de diez años por cuatro miembros de la fraternidad de Los Fanáticos, según Escalier.

Fuente: laprensa.com.bo

Corona fúnebre con calzones: gran detalle!!


Una corona fúnebre hecha con prendas íntimas femeninas fue enviada al sepelio del cantante brasileño Wando por un grupo de seguidoras suyas, como homenaje al artista que en sus conciertos intercambiaba bragas con su público.
La corona formada por bragas de distintos colores y tamaños fue enviada con una cinta blanca, en la que se leía el mensaje "cariñoso homenaje de los fans de Vendanova", municipio del estado de Espírito Santo, al cementerio Bosque da Esperança, en las afueras de Belo Horizonte, capital de Minas Gerais y donde Wando fue sepultado.
Wando, de 66 años, murió víctima de un paro cardiorrespiratorio, consecuente de problemas cardiacos graves que lo mantenían hospitalizado desde el pasado 27 de enero en una clínica de Belo Horizonte.
El cantante de música romántica fue ídolo en la década de los setenta y se hizo famoso por las bragas que recibía de sus admiradoras, que sumaban una colección de más de 17,000 prendas íntimas, y por otras que en menor número él obsequiaba desde el escenario.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

En Nueva York se eliminan las distancias entre cementerios humanos y animales

La Junta Estatal de Cementerios de Nueva York, Estados Unidos, decidió que las cenizas de la gente podrán ser depositadas en los cementerios de mascotas, junto a sus fieles compañeros.
"Me siento muy feliz", declaró Rhona Levy, una vecina del barrio neoyorquino de Bronx. "Siempre quise que cuando me muera, me entierren junto a mis mascotas, en el Cementerio de animales de Westchester, donde descansan en paz hace varios años", finalizó la mujer.
A principios de 2011 la misma Junta había rechazado un pedido para aprobar la sepultura de restos humanos en los cementerios de mascotas a pesar que más de 700 personas hayan sido enterradas en algunos cementerios de la zona. Sin embargo, hace unos días, se revisó la medida y decidieron dar marcha atrás y permitirlo, siempre y cuando no se lo publicite, ni se cobre un cargo extra.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Catalogan Cementerio del Monte de los Olivos


Un grupo judío utiliza tecnología avanzada para trazar el contorno de todas las lápidas del antiguo cementerio del Monte de los Olivos, extensa necrópolis con 150,000 tumbas de hasta hace tres milenios.
El objetivo es fotografiar cada tumba, registrarla de manera digital, anotar cada nombre y colocar la información en línea. Eso permitiría a los visitantes orientarse en el cementerio, un laberinto de lápidas rodeado por vecindarios árabes en la Jerusalén oriental.
Descuidado durante años, es uno de los cementerios más antiguos del mundo en uso. El equipo registró unas 40,000 tumbas después de tres años de labor. Espera completar el registro de todas las lápidas intactas, 100,000 en total, para el año próximo.
Los cartógrafos revisan fotografías aéreas y consultan registros de entierros que datan de mediados del siglo XIX para anotar nombres y fechas.
"El cementerio es un espejo de la ciudad: en tiempo de guerra vemos más tumbas. Cuando llegan nuevos grupos judíos a la ciudad cambian los nombres en las tumbas", dice Moti Shamis, uno de los integrantes del equipo.
Al igual que gran parte de lo que ocurre en Jerusalén, este proyecto tiene repercusiones políticas. El grupo Elad promueve lugares de relevancia judía en Jerusalén oriental para reforzar su presencia en la parte de la ciudad que los palestinos quieren como capital.

El circo del Everest: zona muerta

Fuente:  http://shakespearenmoto.blogspot.com/2010/05/el-circo-del-everest.html


El artículo surge al escuchar en repetidas ocasiones la afirmación de que el “Everest se ha convertido en un circo” en boca de reputados montañeros como Edmund Hillary, primer escalador en coronar la montaña oficialmente y de otros como Juanito Oyarzabal, que aunque pintoresco, tiene el record absoluto mundial de ochomiles, 23 en total a fecha de este escrito, dos de ellas al monte en cuestión. Además, se dio la coincidencia de tener varios conocidos con experiencia por encima de los 7.000 metros, por lo que pudimos obtener información de primera mano.
El Everest, es la cumbre más alta del mundo, con 8.848 metros sobre el nivel del mar, localizado al noroeste de la frontera entre Nepal y el Tibet ocupado por China. Para atacar la cima del Everest hay numerosas vías abiertas, las más comunes son la vía sur desde Nepal, que es la más fácil y la vía norte desde el Tibet. Todas ellas tienen una cosa en común; a partir de los 8.000 metros hay que atravesar la llamada “zona muerta”.

Los peligros del Everest; la zona muerta, mal de altura, congelación y grietas

La zona muerta es una región donde la cantidad de oxigeno en el aire no es suficiente para sostener ninguna forma de vida. En el campamento base a 5.000 metros, el oxigeno disponible es ya la mitad del que hay a nivel del mar y en la cima se reduce a un tercio.
El riesgo de sufrir “mal de altura” a causa de la falta de oxígeno, aparece a partir de los 2.400 metros. Los síntomas iniciales son similares a los de una resaca fuerte o una gripe. Al verse mermada la capacidad de reponer oxígeno en las células, el cuerpo va cortando las funcionales no esenciales y se produce desorientación, disminución de las percepciones sensoriales, dolores de cabeza, de estomago, mareos y fatiga pero sus consecuencias se complican con edema o acumulación de fluidos en los tejidos del pulmón y del cerebro, causando la muerte.
La hipoxia ó falta de oxigeno inicial puede provocar alucinaciones o incluso euforia, que no permiten al afectado ser consciente de su situación física real. Según los médicos, en la zona muerta del Everest, una vez iniciados los síntomas, un individuo tiene entre 1 y 2 minutos de plenas facultades para paliar su situación. Los expertos en alta montaña dicen que los individuos que se vienen abajo lo hacen en unos 20-25 minutos. En la foto, Marco Epis atendido por el equipo de Sergey Kofanov tras sufrir mal de altura;

Para evitarlo, los escaladores realizan periodos de aclimatación permaneciendo a determinadas alturas durante días o semanas, antes de acceder a zonas más altas de la montaña. De esta forma aumentan el número de glóbulos rojos para transportar el oxigeno que hay en sangre. A partir de los 8.000 metros la aclimatación es imposible. El oxigeno no se puede reemplazar tan rápido como se consume y sin oxígeno supletorio, el cuerpo se va degradando lentamente hasta un punto de no retorno.
Al mal de altura hay que sumar el clima extremo del Everest que supone riesgo por congelación e hipotermia permanente. Afectado por el monzón y con fuertes vientos que cuando las condiciones empeoran, pueden alcanzar los 285km/h. En Enero se registran las temperaturas más frías. En la cima tienen una media de -36º aunque pueden llegar a caer repentinamente hasta los -60º. Las temperaturas más cálidas rondan los -19º en Julio.
Por último, otro riesgo importante son las grietas ocultas por la nieve que se forman al partirse los estratos de hielo en el suelo. La zona donde más abundan y donde más muertes se han producido en el Everest, es justo al salir del campamento base, al atravesar la catarata de nieve que hay en la lengua del glaciar pero las zonas altas no están libres de ella. La sherpa Pasang Lhamu desaparecía al caer por una de ellas cuando descendía junto a su marido.


La explotación turística del Everest

La odisea de conquistar la cima del Everest atrae a numerosos individuos de toda índole, desde escaladores profesionales hasta novatos sin experiencia en altura, que en un momento dado se plantean subir al Everest como reto personal.
El desafio se ha convertido en un clásico entre empresarios y altos directivos con poder adquisitivo, que en algún momento de sus vidas se plantean; “si puedo dirigir una empresa o un departamento con cientos de subordinados, que menos para un tipo de mi categoría que coronar el techo del mundo y así poder sacarme unas fotos haciendo cima para decorar el despacho e impresionar a clientes y empleados”.
Otro clásico más orientado a escaladores profesionales, es intentar batir algún record sin sentido; ser el primer hombre o mujer que ha subido por las dos caras sin oxigeno, ser el que más rápido ha subido y bajado, el que más veces ha hecho cima, el más joven en subir, el más anciano, el primer ciego, tuerto o pongase aquí cualquier otra discapacidad, el primer individuo de tal nacionalidad en subir de determinada forma, el primero en bajar haciendo snowboard…
Para acceder a la cumbre del Everest se parte desde el campamento base y se atraviesan varios campamentos de paso numerados de menor a mayor según su cercanía a la cumbre; campamento 1, campamento 2, 3, 4… la cantidad depende de la ruta escogida. En ellos se instalan tiendas de campaña que se van aprovisionando con suministros de apoyo tanto para la subida como para la bajada, labor que puede llevar 3 meses.
En que condiciones se realiza la ascensión y establecimiento de estos campamentos es una cuestión de dinero, del viaje contratado o de los planteamientos que siga el equipo.
El gobierno de Nepal cobra 25.000$ por cabeza por emitir un permiso para realizar la subida y después cada escalador o equipo de escaladores se organizan como crean conveniente. Se puede contratar a diversas empresas de trekking que operan en esta montaña, cada una ofreciendo diferentes servicios, se pueden contratar muchos porteadores o pocos, se puede dejar más o menos equipo y suministros de emergencia en los distintos campamentos, se puede contratar un grupo de rescate que permanezca en la base dispuesto a salir en caso de contingencia… o se puede ir en plan dominguero gastándose lo mínimo en material y en la agencia de trekking.
En la cumbre del Everest no se pierde nadie. Por las rutas más comunes se accede a ella caminando por un risco en el que hay colocada una cuerda guía y una de dos; o sigues la cuerda o te despeñas ladera abajo a un abismo del que sería prácticamente imposible salir. Técnicamente no tiene ninguna dificultad aunque hay que escalar varias parades pequeñas, una por la ruta sur y dos por la ruta norte llamadas escalones o “steps” en inglés. No obstante, desde el mismo momento en el que se accede a la zona muerta – y antes también – el escalador está poniendo su vida en serio peligro, de forma que se si se viene abajo por el mal de altura, congelaciones, roturas… y no puede moverse por si mismo, es harto difícil efectuar ningún rescate.
Si un individuo se va al suelo y no es capaz de volver a levantarse como para salir por su propio pie, es imposible que un grupo de escaladores lo arrastren hasta sacarlo fuera de la zona muerta. Si lo intentasen se jugarían sus propias vidas. Hay que tener en cuenta que a esas alturas, por cada paso que se da, un montañero entrenado puede necesitar realizar tres respiraciones, el corazón se acelera incluso en reposo para suministrar oxigeno con más frecuencia debido a su escasez y el cuerpo ya va casi al límite cargando con el soporte vital necesario; ropa, botellas de oxigeno o medicamentos.
Tampoco hay helicópteros de rescate porque los helicópteros comunes no pueden ascender a tanta altitud. El único helicóptero que ha logrado llegar a la cumbre del Everest fue un Eurocopter AS350 preparado en el año 2005. Logró mantenerse estable unos minutos en la cima pero no llegó a posarse del todo porque se hundiría en la nieve y nunca apagó el motor. En un hipotético rescate con helicóptero, el éxito dependería de que los fuertes vientos diesen tregua como para mantener el aparato estable y lograr enganchar al escalador con una cuerda.
Desde un punto de vista económico, el precio del helicoptero en sí es tremendo ya que no se producen comercialmente, al no ser necesario que estos aparatos suban a tanta altitud ni por motivos civiles ni militares. Mantener una base de helicópteros en el campo base sería igualmente poco realista porque a parte de los aparatos y su mantenimiento, habría que tener un equipo de pilotos y mecánicos aclimatados permanente a la altitud. Si un escalador no puede levantarse afectado por mal de altura, lo único que se puede hacer es darle una asistencia médica muy limitada, suministrando oxigeno, esteroides para paliar el edema o incluso adrenalina para reanimarlo pero la única solución eficaz es descender, por lo menos hasta el campamento 2.
Además, el tiempo que se puede permanecer en la zona muerta es limitado por la falta de oxígeno así que si el afectado no logra levantarse, hay un momento en el que sus compañeros o rescatadores se verán obligados a abandonarlo allí mismo a su suerte porque tienen que descender.

El circo del Everest

Si el riesgo que supone intentar mover a un enfermo en la zona muerta hacen que sea una taréa inviable, mover un cadaver es algo que casi nadie se plantea. Cuando alguien fallece, su cuerpo queda en el mismo punto donde cayó y cuando se enfría, se congela petrificándose con el gesto y postura exacta que tenía cuando expiró. Si estaba sentado, se queda allí mismo sentado. Este fue el caso de Peter Boardman, que desapareció en 1982 intentando la complicada ruta nor-noroeste. Fue encontrado 10 años después sentado, como si estuviera durmiendo.

Se calcula que atacando la cima del Everest han muerto más 200 escaladores, 150 nunca se han encontrado y los accesos a la cima están plagados de cadaveres visibles – más de 40 – que han quedado al aire en el punto exacto donde cayeron, por lo que los escaladores que suben, van sorteando cuerpos que han empezado a bautizar con nombres porque los usan como puntos de referencia en su ascensión. El más famoso y uno de los primeros que se ven es “el saludador”. Le apodaron así porque el cadaver quedó petrificado con un gesto de saludar con las brazos. No hay confirmación pero por la postura, es posible que sea este;


El segundo cuerpo más famoso es el de “botas verdes”, llamado así por el vistoso color fosforito del calzado que llevaba. “Botas verdes” era Tsewang Paljor, un aguacil indio que pereció por el frio durante el desastre de 1996, el 11 de Mayo de ese año, el más mortifero en la historia de la montaña. Paljor ascendia junto a otros compañeros del cuerpo de policia cuando fueron sorprendidos por una fuerte ventisca. Seis miembros del equipo decidieron abortar el intento y regresar mientras que Paljor seguía adelante con dos compañeros.
Su cuerpo fue encontrado después postrado en la llamada “cueva de roca”, que más que cueva es un socabón en la piedra a 450 metros por debajo de la cumbre y 250 metros por encima del campamento 4. Sus restos se hicieron famosos por que todo el mundo que accede por la ruta sur, tenía que pasar al lado de él a menos de un metro, casí apartándose para sortearlo, siguiendo las cuerdas que se ven en la foto;
En el llamado “desastre de 1996″, un brusco cambio en las condiciones metereológicas se cobró en total 15 vidas en un solo día. Este incidente causó revueló por la sobre-explotación comercial que sufre el Everest. En un mismo día, 33 montañeros atacaban la cima por la ruta sur casi a la vez, provocandose un atasco en la única pared que hay que escalar, el “Hillary Step” o “escalón de Hillary” en inglés, una especie de efecto “overbooking” en pleno Everest por exceso de tráfico y problemas con las cuerdas guía.
Para atacar la cima por la ruta sur se sale a medía noche del campamento 4 y se tardan entre 10 y 12 horas en ascender los 1000 metros restantes, considerándose las dos de la tarde como última hora segura para hacer cumbre. Si se llega más tarde, se corre el riesgo de perecer al frio de la noche o caer por la ladera al descender. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los accidentes se producen en el descenso.
Durante el desastre del 96, el atasco en el escalón, provocó que se realizasen cimas tan tarde como las tres y la cuatro. A las tres se levantó una fuerte ventisca limitando la visibilidad, lo que impidió que muchos de los escaladores que descendían encontrasen el camino de regreso al campamento 4 y murieran de frio. Los subsecuentes intentos de rescate durante la noche y al día siguiente solo lograron traer de vuelta a 4 personas. Aunque parezca un parque de atracciones, esto es una expedición haciendo cola para acceder a la cima del Everest por la ruta sur en el año 2009;
Al lado de botas verdes quedó David Sharp, el caso que más escándalo e indignación ha causado entre la comunidad alpinista, tal vez por ser el que mejor escenifica el circo que hay montado entorno al Everest. David Sharp era un profesor de matemáticas que durante el 15 de Mayo del 2006 realizaba su tercer ataque a la cumbre. Había pagado solo 6.200$ por viajar con Asian Trekking hasta el campamento base y desde allí había lanzado varias acometidas en solitario, sin oxigeno, sin sherpa, sin guía, sin radio, sin medicamentos o ningún otro soporte vital. Es decir, que subía con lo puesto casi en plan dominguero, a lo mejor con la intención de batir algún record.
No se sabe a ciencia cierta si logró hacer una cima tardía pasadas las cuatro o no, el caso es que en un momento de su descenso, a última hora de la tarde, se vino abajo y se sentó al lado de botas verdes para intentar recobrar fuelle. Los malos augurios de estar sentado al lado de un cadaver debieron de ser tremendos ya que como se desvalaría después, en todo momento era plenamente consciente de que estaba agonizando lentamente y que iba a acabar como él mientras otros escaladores pasaban por delante sin siquiera detenerse para prestarle asistencia.
Por delante de David Sharp llegaron a pasar de largo unos 40 escaladores sin pararse. A la una de la mañana, se encontró con la expedición Brice liderada por Mark Inglis, un especialista en alta montaña que había perdido las dos piernas por congelación en 1982 y que ahora subia el Everest con prótesis metálicas. A la izquierda David Sharp y a la derecha Mark Inglis;
Sharp todavía respiraba e Inglis pidió instrucciones por radio a su director en el campamento base, Russell Brice, que le ordenó continuar hacia la cumbre y en todo caso, prestarle ayuda al descender después. Este hecho ejemplifica uno de los aspectos más criticados del Everest; la política que siguen los escaladores es una especie de sálvase quien pueda en la que solo priman los intereses comerciales o de equipo. Si un cliente contrata a un guía y unos sherpas para subir, está pagando por hacer cima y no por rescatar a terceras personas. Además los guías no siempre tienen plena postetad para tomar decisiones. En ocasiones como este caso, puede haber un director de equipo en el campamento base que está ordenando no detenerse a atender accidentados y seguir hacía la cumbre.
Nueve horas después, el guía Jamie McGuinness y el Sherpa Dawa, tras hacer cumbre, intentaban levantar a un Sharp severamente dañado por las congelaciones dándole oxígeno pero como no lo consiguieron, se vieron obligados a abandonarlo. Los miembros de la expedición Brice llevaban cámaras personales en sus cascos, recogiendo en vídeo una breve conversación con Sharp antes de morir; “My name is David Sharp and I am with Asian Trekking”, “me llamo David Sharp y viajo con Asian Trekking”.

Dos días agonizando

Contrariamente a lo que se pudiera pensar, las muertes que se producen en el Everest no son necesariamente rápidas, todo depende de las circunstancias particulares que envuelvan cada caso. La mayoría de las tentativas se realizan precisamente cuando el tiempo es favorable y los escaladores suben protegidos contra el frio, por lo que salvo en los casos en los que las condiciones metereológicas cambian bruscamente, los escaladores se enfrentan a una larga agonía por falta de oxigeno y lenta congelación que puede durar varios días.
En los casos en los que la temperatura desciende bruscamente, la muerte por hipotermia puede sobrevenir en cuestión de pocas horas.
Francys Arsentiev aspiraba a convertirse en la primera mujer en hacer cima sin oxigeno y el 22 de Mayo de 1998 lograba su objetivo a horas tardias junto a su marido Sergei Arsentiev en un tercer intento. Antes de partir, había pedido permiso a su hijo de 8 años para cometer la temeridad. Durante el descenso la pareja se separó sin darse cuenta en la oscuridad de la noche. Sergei llegó al campamento solo para enterarse de que su mujer todavía no había regresado así que cogió varias botellas de oxígeno y volvió a buscarla. Una decisión que le condanaba de inmediato, probablemente fruto de la euforia que provoca la hipoxia.
En la mañana del 23 una expedición uzbeka encontraba a Francys a unos pocos metros de la cima, semi-incosciente con sintomas de congelación. Tras suministrarle todo el oxigeno que pudieron, intentaron arrastrarla pero resultó imposible viéndose obligados a abandonarla. Cuando estaban cerca del campamento, se cruzaron con Sergei que subía al rescate, siendo esta la última vez que fue visto con vida.
Un día después, durante la mañana del 24, dos experimentados escaladores sudafricanos, Ian Woodall y Cathy O’Dowd, se topaban con Francys tirada en el mismo lugar donde la había dejado el equipo uzbeko. El piolet y la cuerda de Sergei estaban cerca pero no había ni rastro de él. Los sudafricanos cancelaron su ascensión de inmediato. A la izquierda Arsentiev y a la derecha Cathy O’Dowd;


Cathy O’Dowd relató que Francys no dejaba de repetir entre sollozos que no la abandonasen. Tras darle asistencia durante más de una hora sin obtener resultados, Cathy y Ian se vieron obligados a abandonarla alli mismo, escuchando sus suplicas mientras se alejaban. Las palabras de despedida debieron ser tremendas. Francys murió sola congelándose lentamente ya que la hipoxia no la estaba matando gracias al oxígeno que le habían dado los uzbekos y los sudafricanos, hecho que solo sirvió para prolongar su largo calvario. A Sergei lo encontró un año después la expedición “Mallory and Irvine”, un proyecto que intentaba localizar los cuerpos de los famosos escaladores. Sergei se había precipitado por la ladera a pocos metros de alcanzar a su mujer.
Cathy O’Dowd ya había tenido una experiencia similar. Cuando descendía de su primera cumbre, se encontró con Bruce Herrod, un escalador que a pesar de tener fama de ser muy duro en las subidas, ascendía muy lentamente. Al hablar con él, el equipo de Cathy se dió cuenta de que no estaba bien y era demasiado tarde para seguir subiendo pero no lograron convencer a Herrod, afectado por la euforia que provoca la hipoxia, de que abortase su tentativa.
Herrod hizo cima pasadas las 5 de la tarde, se autoretrató en la cumbre, llamó por radio al campamento base donde todos los allí presentes, incluida su mujer le instaron a bajar inmediatamente, conscientes de que ya era un cadaver. Dos horas después de la foto desapareció. Posteriormente se recuperó la cámara de su cuerpo y su mujer reveló la imagen que le costó la vida;


Este es otro caso común en el Everest, si alguien se siente incomensurable subiendo y no hay manera de convencerle de que cancele su intento, es imposible obligarle a regresar. No se puede llegar a las manos a 8.000 metros.
Más sorprendente resulta el caso de Lincoln Hall, al que la prensa británica bautizó como el muerto viviente del Everest. El 25 Mayo del 2006 descendía de la cumbre cuando aquejado de mal de altura, empezó a acusar serias alucinaciones. Los sherpas intentaron atenderle hasta que se quedaron sin suministros en medio de una tormenta de nieve y el director del equipo, Alexander Abramov, les ordenaba regresar abandonando a Hall. Cuando llegaron al campamento se comunicaba a la prensa el fallecimiento de su compañero.
Sin embargo, a las 7 de la mañana del día siguiente, un equipo estadounidense liderado por Dan Mazur encontraba a Hall a 8.700 metros, sentado con la piernas cruzadas, sin guantes, con el mono bajado hasta la cintura y el torso desnudo. Estaba cambiándose de camiseta. No tenía ni gorro, ni gafas, ni mascara de oxigeno o botellas, ni saco de dormir, ni mantas, ni cantinplora de agua. Cuando llegaron hasta el tan solo espetó “les sorprenderá verme por aquí”. Mazur tomó esta foto de Hall poco después de encontrarlo cerca de la cima. Alucinando, sonreía a pesar de estar al borde de perder todos los dedos de pies y manos;


Mazur canceló su acometida e inmediatamente iniciaron las labores de rescate. Abramov envió a 12 sherpas que se unieron a los 4 componentes del equipo americano, consiguiendo que Lincoln bajase andando hasta el campamento, donde fue tratado de edema cerebral y se recuperó.

Los cuerpos no quedan cubiertos por la nieve

Por alguna razón que seguramente aduce a explicación científica, los cuerpos que quedan en los collados del Everest no terminan cubiertos por la nieve, permaneciendo visibles durante décadas. Tal vez sea que las fuertes ventiscas limpian la nieve que cae sobre ellos antes de que llegue a cuajar o puede que los colores oscuros de la ropa atraigan mejor la luz, ofreciendo suficiente calor como para que no cuaje.
El viento hace que en una de las caras del Everest no haya nieve dejando la superficie de roca negra al descubierto. Aunque parezca increible, esto es un cadaver que está en medio del campamento 3, los alpinistas instalan las tiendas y acampan como si fuera parte del paisaje;En el año 2007 Ian Woodall realizó la expedición “Tao del Everest”, que pretendían empujar por la ladera el cadaver de Francys Arsentiev y el de Green Boots para devolver el buen kharma a la montaña. Solo lograron alcanzar el de Arsentiev y seguramente el proyecto de Woodall tendrá lógica desde su prespectiva pero no deja de ser toda una temeridad poner la vida en riesgo para empujar un cadaver, amen de toda una hipocresía ya que pretende ocultar una realidad inherente a esa montaña, fruto en gran medida de su sobre-explotación comercial.

Uno de cada diez muere en el intento: cementerios a cielo raso

fuente: ABC.es


Más de 700 alpinistas se quedaron para siempre en los ochomiles del Himalaya. El rescate de los cuerpos es prácticamente imposible a causa de la altitud y del difícil acceso a los lugares donde reposan. La mística montañera suele dar por bueno que existan cementerios a ras de cielo.
Al otro lado del mundo, Nieves de Pellegrin sube por una estrecha y resbaladiza trocha con la ayuda de un bastón, cargando con sus casi ochenta años y sus recuerdos. Su pelo es como su nombre, como el lugar por donde se deslizaron el amor y la juventud. La anciana tiene el suficiente resuello para explicar a los turistas la flora de la montaña andina. Después de unos minutos llega al Cementerio del Montañés, cerca de San Carlos de Bariloche (Argentina), última residencia de amantes de las cumbres. Algunos murieron jóvenes mientras intentaban «la conquista de lo inútil»; otros, como Gino, el marido de Nieves, fallecieron en la cama después de una larga e intensa vida. Miembro del primer equipo nacional argentino de esquí, Gino de Pellegrin fue una de las glorias de una actividad que echó raíces en Bariloche. «Aquí estoy otra vez, flaco, la cuesta todavía no puede conmigo», le dice Nieves a su esposo. Los cementerios nos seducen. Tal vez por la misma razón que explica el éxito de las esquelas en los periódicos (las leemos, ergo seguimos vivos). O porque nos gusta explorar las fincas de los demás por si nos inspiran alguna idea. Esta en concreto, con vistas al Parque Nacional Nahuel Huapi, es original, aunque la vegetación termina por reclamar lo que es suyo.
«Papá, te fuiste donde querías», dice una placa recordando a alguien cuyos restos no están ahí, sino en el Himalaya. «Apoyaste tu cabeza en las rocas... No supiste morir de otra forma que no fuera en tu montaña. Te amamos». Nieves tiene a dónde ir. Los parientes de los que murieron en los ochomileslo tienen más difícil.

La muerte, tema tabú

Simone Moro recordaba hace unos días en Barcelona su ascensión invernal al Gasherbrum II en compañía de Denis Urubko y Cory Richards; la épica de un alpinismo puro, sin muletas, y la conmoción por tropezarse con cadáveres congelados. «Te recuerdan lo que puede pasar». El alpinista italiano, como la mayor parte de sus colegas, no es muy partidario de tocar este asunto. «La muerte es tabú», señala Darío Rodríguez, director de Desnivel, revista especializada en actividades de montaña. «Así que no suelen hablar de ella. Además, sienten que solo salen en la prensa cuando ocurre alguna desgracia. Pero tienen muy claro que puede ocurrirles. El cosquilleo empieza en el aeropuerto, antes del inicio de la aventura».
La estadística aterra como la visión de esos cuerpos medio sepultados por la nieve. Cuatro de cada diez alpinistas que retan al Annapurna jamás vuelven. La montaña maldita fue el primer ochomil en ser hollado, en 1950. Maurice Herzog y Louis Lachenal, miembros de una expedición francesa en la que también estaba el mítico Lionel Terray —el primer conquistador del Makalu y el Fitz Roy—, protagonizaron la hazaña. Desde entonces, la mala prensa del coloso nepalí lo ha convertido en el menos codiciado: ocupa el último lugar en número de ascensiones, con 153 (datos hasta 2008), en brutal contraste con otros ochomiles, como el Everest (3.684) o el «asequible» Cho Oyu (2.668), que forma parte del catálogo de algunas agencias de viajes especializadas. «Los que buscan el pleno suelen dejar el Annapurna para el final. Así ocurrió con Juanito Oiarzabal y Edurne Pasaban», dice Rodríguez.
En el caso de la tolosarra, primera mujer en conquistar las 14 cumbres más altas del planeta, un problema burocrático impidió que fuera estrictamente así: el retraso de los permisos provocó que el Shisha Pangma fuese el último, el 17 de mayo de 2010. Un mes antes estaba en la cima del Annapurna. «Recuerdo que le decía a mi madre: “Tranquila, nunca iré a esa montaña”. Así que cuando tomé la decisión de coronar todos los ochomiles ambas sentimos una profunda desazón», comenta Pasaban a ABC. «El K2 entraña más dificultad técnica, pero el Annapurna es peligrosísimo. Es una ascensión sembrada de seracs (bloques de hielo rodeados de grietas), muy expuesta a las avalanchas. Estás en tensión desde que das el primer paso fuera del campo base». Sus experiencias más dramáticas fueron, sin embargo, en las bajadas del K2 y del Kanchenjunga. «Cuando no gestionas bien las fuerzas pasas un calvario. La verdadera cima está en el campo base, cuando regresas».
En octubre pasado la «diosa de las cosechas» (así se traduce Annapurna del sánscrito) se tragó a tres alpinistas surcoreanos; uno de ellos, Park Young-seok, era una leyenda: los 14 ochomiles, las siete cimas más altas de cada continente y los dos polos engordaban su currículo. En su afán por hacer prisioneros, esta «diosa» no respeta galones. Park y sus socios de cordada han sido las últimas víctimas.
En aquella primavera en la que Edurne Pasaban escapó de la maldición del Annapurna, el mallorquín Tolo Calafat murió, solo y agotado, durante el descenso del grupo liderado por Oiarzabal. Dos años antes, en 2008, el navarro Iñaki Ochoa de Olza falleció en el mismo escenario debido a daños en el cerebro y los pulmones tras permanecer cinco noches a 7.400 metros. Los casos de Tolo e Iñaki conmovieron a la opinión pública no solo por el desenlace, sino por sus diferentes relatos: los intentos frustrados de rescate en el primer caso —sherpas de la expedición de la coreana Oh Eun-Sun se negaron a intentarlo aludiendo al riesgo extremo—; la solidaridad de un puñado de alpinistas en el segundo, que hicieron todo lo posible por salvar a su compañero.

Fantasmas en el hielo

Simone Moro sobrevivió allí en 1997 a una avalancha que sepultó al kazajo Anatoli Boukreev. Escalador de altísimo nivel, Boukreev fue testigo del suceso de 1996 en el Everest, cuando ocho personas de diversas expediciones comerciales murieron como consecuencia de la mala preparación y las decisiones desafortunadas de los guías en medio de una tormenta; otras cuatro fallecieron durante las semanas siguientes por las graves lesiones sufridas. Si los fantasmas del Everest pudieran hablar, tal vez cambiarían la historia. O no. El techo del mundo es el ochomil más ascendido y el que ha matado a más montañeros, pero no el más peligroso. Uno de los muertos más célebres es George Mallory, el que dijo aquello de «subo al Everest porque está ahí». En 1924, el británico desapareció junto a Andrew Irvine a más de 8.000 metros de altura. Su cuerpo fue hallado 75 años después, en 1999. Persiste la duda sobre si consiguieron hacer cumbre, en cuyo caso se habrían adelantado 29 años al primer ascenso oficial, el de Edmund Hillary y Tenzing Norgay en 1953. La cámara que llevaba Irvine podría revelar la prueba. Siempre que alguien dé con su cadáver en aquel gigantesco panteón.