jueves, 28 de abril de 2011

ABRACATABRA LAS CATAS DE LA CABRA: El ponche, un postre muy relacionado a la cerveza

Todo habitante de Quito ha visto alguna vez en su vida un carrito de metal equipado con lo que parece ser un cilindro a presión y empujado por unos hombres protegidos por camisas y gorras  de color blanco. Se trata de los tradicionales "poncheros", personajes que deambulan cerca de colegios y escuelas (aunque cada vez son menos, según dicen menos de 30 en todo Quito) en busca de sus potenciales clientes. 
Venden un postre de aspecto parecido a la espumilla, sin embargo, al probarlo su sabor resulta totalmente diferente. Recuerdo que la abuela de la Cabra, doña Carmen (R.I.P), solía decir que ese postre estaba hecho a base de cerveza y que, por tal motivo, no era deseable que los niños lo consumieran.
Han pasado muchos años para que al fin me decidiera a probar esta espumilla (porque no creí lo que decía mi abuela y porque ya no es tan fácil conseguirlo) y la sorpresa ha sido muy grata. Se trata de una espuma que debe ser consumida inmediatamente porque está fermentada, tiene un sabor muy pareceido a la guayaba, sin embargo, el gusto a fermento está onmipresente: el primer bocado sabe raro, luego se siente el regustillo a espuma de cerveza y la cata mejora drásticamente: es un postre que sabe a cerveza. Esto se debe a la utilización de malta en su preparación, el resto de ingredientes lo dejo en secreto para que si ven uno de los poncheros se animen a probarlo. Mi querida abuela, que en paz descanse, debe estar revolcándose en su tumba, pues tenía razón: el postre que sabe a cerveza me ha gustado.
Lorena Gusanoide dijo algo que me intrigó: Cuántos serán necesarios para agarrar una cruda tipo Sarmat? Hay que probar!

martes, 26 de abril de 2011

Michael Angelo Batio en Quito... 4 de mayo

El portentoso guitarrista (Ex Nitro) Michael Angelo Batio visita nuestra ciudad (Quito) con toda su velocidad y potencia. Un evento que contará con la presencia de la Cofradía de la Cerveza 1516

lunes, 25 de abril de 2011

ABRACATABRA LAS CATAS DE LA CABRA: Mahou Negra

Fabricante: Grupo Mahou San Miguel
Origen: Madrid, España
Estilo: Lager Oscura
Color: Marrón oscuro con toques de rojo
Alcohol: 5.5%
Temperatura de consumo: 4 a 7grados 



Don Casimiro Mahou, visionario sin lugar a dudas, fundó allá por 1890 la cervecería de la que procede esta cata. Cien años después, exactamente en el año 2000, la Cervecería Mahou se fusionó con el Grupo San Miguel y como resultado tenemos el actual Grupo Mahou San Miguel, el más grande emporio cervecero español.
En esta ocasión no trataré sobre la Mahou Rubia, un clásico del grupo, sino de la vistosa Mahou Negra. 
Lo primero que sorprende gratamente es el elegante envase oscuro en el que viene embotellado el producto; hasta ahora la botella más bonita de cuántas cervezas españolas he visto.
En el servicio forma una corona espumosa resistente que se queda pegada a las paredes del vaso proporcionando la adecuada conservacón de la cerveza. Desde el primer acercamiento se pueden notar los intensos aromas a caramelo malteado y café (en la botella se destaca el sabor del regaliz, que en mi caso no produce una buena remembranza). 
Ya en la boca se trata de una cerveza con un intenso tostado del cereal que produce, sin duda, un amargo efectivo y duradero que se mezcla muy bien con los matices de café, caramelo y lúpulo.
Con agrado he descubierto una buena cerveza oscura, que sin llegar a ser una stout, es una cerveza correcta que seguro se bebe bien con carnes al carbón o, como anuncian sus fabricantes, con un delicioso chocolate negro ecuatoriano.

lunes, 18 de abril de 2011

Lectura y cementerios

La actividad Letras y Silencios, Bookcrossing desde el cementerio de Monturque ha escondido alrededor de un centenar de ejemplares de Platero y Yo por los rincones del camposanto de San Rafael de la localidad monturqueña. Esta actividad consiste en que aquellas personas interesadas en la lectura de la obra de Juan Ramón Jiménez puedan hacerse con uno de los libros, siempre y cuando lo devuelvan a su emplazamiento original para que otra persona pueda disfrutar de esta lectura.
Según el técnico de Turismo del Ayuntamiento del municipio monturqueño, José Manuel Mármol, "esta actividad pretende fomentar la concienciación sobre la conservación de nuestros cementerios, en este caso, a través de la literatura y de Juan Ramón Jiménez". La concejala de Turismo del Ayuntamiento de Moguer, Ana Parrales, destacó que "esta iniciativa de bookcrossing promociona los recursos turísticos de la localidad de Moguer, bellamente plasmados en esta obra". Decenas de escolares e interesados pudieron disfrutar de la lectura bajo la atenta mirada de Platero, un asno que acompañó a los asistentes durante toda la celebración del Día del Libro. El cementerio de San Rafael de Monturque, incluido en la Ruta Europea de Cementerios, atesora entre sus muros uno de los mejores ejemplo de ingeniería hidráulica romana del siglo I, las Cisternas Romanas. El bookcrossing nació en Estados Unidos y consiste en dejar libros en sitios públicos para que puedan ser leídos por otras personas desconocidas.

Ante la tumba de Jean Genet

Xavier Parrilla Larache (Marruecos) 15 abr (EFE).- Cuando se cumplen veinticinco años de su muerte, el escritor Jean Genet, pluma clave del siglo XX francés, sigue vivo en la memoria de la ciudad pesquera de Larache, en el norte de Marruecos, donde está enterrado.
El autor de "Diario de un ladrón" o "Un cautivo enamorado" murió el 15 de abril de 1986 en un hotel de París, a la edad de 76 años, junto a la maleta que lo acompañaba, y puso fin así a una controvertida obra literaria que le valió el título de "poeta maldito".
Sus restos yacen hoy en esta villa aletargada al borde del Océano Atlántico, que en tiempos del Protectorado español recibió el nombre de Perla del Norte y donde descansa para siempre tras pasar allí buena parte de sus últimos años de vida.
Jean Genet continúa presente entre quienes lo conocieron en la ciudad. Iba andando a las cercanas ruinas romanas de Lixus y tomaba café en las terrazas de la antigua plaza de España, que aún siguen en pie.
"Era uno más, y le gustaba que le trataran así", explicó a Efe el escritor Mohamed Sibari, que frecuentó al autor primero en Tánger y luego en Larache, y lo recuerda como una persona sensible, amante de una buena tertulia y poco amigo de llamar la atención.
"Por la noche me decía: vamos a pasear por el puerto. Subíamos por la cuesta de los Alemanes, nos metíamos por la medina y nos sentábamos ante el balcón atlántico", el paseo marítimo de la ciudad, rememora Sibari.
Hassan El Idrissi, que regenta la Maison Haute, una casa de huéspedes en la pequeña medina de Larache, detalla que el novelista, poeta y dramaturgo francés vagaba por la ciudad vestido de forma austera y con el lápiz a la oreja.
El Idrissi señala que era fácil encontrar a Genet en todas partes y "a cualquier hora. Dormía en el puerto, en el hammam (baños árabes), en la estación de autobús".
La huella del escritor se deja sentir hoy en la avenida Hassan II. En la antigua librería Damián, Fadna muestra un ejemplar dedicado de la novela "Pompas Fúnebres" e, incluso, su firma en una revista del Teatro Lliure de Barcelona (España) con motivo de un montaje de la obra "El balcón".
"Yo lo recuerdo como una persona sencilla. No creí que fuera tan famoso hasta que murió", explica Fadna. "Casi siempre lo veía de pie, charlando, hablando, comentando algunas cosas".
No muy lejos de allí, bordeando el paseo marítimo cuesta arriba, se encuentra la casa que Jean Genet compró a Mohamed El Katrani, su amigo, su amante, y el cementerio español, donde fue enterrado.
Tras abrir la cancela, la vigilante del camposanto muestra el camino hacia la tumba del escritor. Algunas flores enmarcan la lápida donde consta su nombre, y desde allí se oye el rumor del Océano Atlántico.
Pese a estar en un cementerio cristiano, la de Genet es la única tumba del recinto que no está marcada con una cruz, como él quiso: se trata de una típica tumba marroquí, musulmana y árabe, que mira hacia la Meca, sin lujos de ninguna clase.
La sepultura se ha convertido, con el paso del tiempo, en un lugar al que acuden visitantes marroquíes y extranjeros a rendir homenaje al escritor, de lo que da fe un libro en el que a menudo dejan testimonio.
E incluso aparece la tumba en relatos de autores marroquíes, sobre todo de aquellos que se expresan en lengua francesa, algunos de los cuales lo han tomado como símbolo y referencia.
"Jean Genet es un santo marroquí. Se está convirtiendo en un santo. Ya lo es. No lo será nunca", escribió el año pasado, con motivo del centenario de su nacimiento, el joven escritor marroquí afincado en París Abdellah Taia.
Ladrón, chapero, desertor, vagabundo, homosexual, poeta maldito... Jean Genet descansa para siempre en el cementerio español de Larache, en una tumba sin cruz, mirando a la Meca, convertido ya en un santo marroquí. EFE.

Un cementerio en una isla que nunca estuvo habitada?

Si tuviera que hacer un listado con lugares que podrían inspirar alguna novela de aventuras, uno de los lugares que no podrían faltar seguramente seria la isla de Filitheyo, en el Atolón Faafu de las Islas Maldivas. Un lugar paradisiaco, un pequeño paraíso, hoy convertido en un resort de lujo, que fue comprado como una isla jamás habitada, y de hecho, el estado de su ecosistema y su aspecto así lo indicaban.
Hacia fines de los 90, sólo habia en ella una densa vegetación habitada por lagartos, murciélagos, cangrejos, y rodeado de un increíble arrecife.
Lo curioso, es que al comenzar la construcción, los ingenieros se encontraron entre la maleza, con una cementerio y unas 30 lápidas en grupo en el interior de la isla. Nadie sabe el origen ni la razon de la existencia del cementerio de Filitheyo, porque como hemos dicho, ese lugar jamas ha sido habitado... algunos hablan de que los piratas en alguno momento hicieron escala para enterrar a sus muertos...


Arte funerario en Donostia

"pronto se dirá de vosotros, lo que suele ahora decirse de nosotros: ¡¡Murieron!!". Esta frase corona dos de las entradas del cementerio de Polloe, en el barrio de Egia. Fue construido, entre 1876 y 1878, por el arquitecto José de Goicoa, que también se encargó del diseño del palacio de la Diputación Foral de Gipuzkoa, entre otros edificios de la ciudad. Dentro guarda miles de tumbas. Muchas de ellas son auténticas obras de arte, que ha analizado María Ordóñez en el artículo El romanticismo funerario de Polloe, publicado por Eusko Ikaskuntza en Ondare: Cuadernos de artes plásticas y monumentales.
Antes de que Polloe fuera construido, el cementerio de la ciudad estaba en San Martín, en una zona que abarcaba parte del cerro de San Bartolomé. José Manterola, en un artículo de 1883 para la revista Euskal-Erria, titulado San Sebastián, necrópolis de Polloe, relata que siendo "insuficientes ya los antiguos cementerios de San Martín y San Bartolomé para atender a las crecientes necesidades de la población, el Ayuntamiento de esta ciudad pensó en construir uno nuevo de mayores proporciones que aquellos, y después de grandes discusiones y de maduro examen se eligieron, al efecto, como el lugar más propio las alturas de Polloe".
El 12 de agosto de 1878 el cementerio fue bendecido y el 30 de abril del año siguiente se trasladaron en solemne procesión a Polloe "los restos mortales que yacían en el antiguo cementerio de San Martín". Para recordarlo, se erigió un monumento de mármol en el centro de la necrópolis, monumento que, con el paso de los años, ha perdido la mayoría de sus inscripciones.

Muro principal
"El muro de cerramiento de la necrópolis de Polloe supuso la presentación a la población donostiarra de la tendencia del movimiento romántico aplicado a la a arquitectura", describe Ordóñez en su artículo. Ese muro principal es, a su vez, el que da acceso a la capilla, recientemente restaurada. A sus lados, hay tres accesos. Para realizar la composición iconográfica del muro de cerramiento se requirió la ayuda del escultor Jacinto Matheu Iroster.
Lo más destacable de la fachada de la capilla se encuentra en el frontón -composición de forma triangular sobre una puerta en forma de arco de medio punto-. En el centro aparece una imagen del Cordero Pascual dispuesto a ser sacrificado. "Y rellenando el espacio en torno a esta imagen se han dispuesto roleos con desarrollo de racimos de uvas asociadas a espigas de trigo", afirma Ordóñez.

Ordenación y lápidas

"El recinto interior de la necrópolis está perfectamente ordenado por calles y avenidas principales", explica la investigadora, al tiempo que añade que "todos los monumentos están obligados a orientar su fachada principal a la calle que se les asigna".
Ordóñez explica que en el antiguo cementerio de San Bartolomé apenas había alguna tumba que "destacara por su apariencia estética o de promoción". No obstante, Polloe tenía otras reglas. Precisamente, el siglo XIX fue la época en la que se potenció el valor del arte funerario: "En el periodo de 1845 a 1850 se inicia la práctica de erigir mausoleos en los cementerios, generalizándose su uso en 1862". En la necrópolis de Egia se ofrecía a los donostiarras terreno libre para su compra. Éstos, en función a las "dimensiones del monumento pretendido", decidían qué espacio adquirir.
En palabras a este periódico, Ordóñez explica que "al haber un amplio terreno, empezaron a construir" esos monumentos en Polloe. El "nivel económico" de los interesados llevó a realizar "construcciones artísticamente grandes". Aún así, aclara que también hubo excepciones. Como ejemplo pone a la familia Rezola -de la cementera añorgatarra-, que pese a ser una familia pudiente, cuenta con un monumento sencillo, en la calle Santa Catalina, conformado por una sola cruz.
Los primeros mausoleos que se construyeron en Polloe respondían al modelo de "panteón-capilla". Este tipo de monumentos funerarios eran requeridos por los ciudadanos que vieron con la construcción de Polloe "la posibilidad de confirmar su posición social y lo que en el antiguo cementerio había sido imposible por no disponer del terreno necesario para levantar una construcción ostentosa como se estaba promoviendo en cementerios de la península". Además, era una manera de que la clase alta de Donostia pudiese tener "un enterramiento intimista en el interior de edificaciones consagradas", continúa la autora.

Murciélagos y antorchas
Entre los monumentos funerarios que pueden hallarse en Polloe se encuentra el de Claudio Antón de Luzuriaga, que fue encargado a Antonio Cortázar en 1879. Ordóñez expone que Cortázar pertenece "a la primera generación de arquitectos que salieron de la escuela de Madrid", por lo que desarrolla obras románticas o clasicistas.
Este mausoleo, que se encuentra al comienzo de las calles San Ignacio y San Martín del cementerio, es uno de los más conocidos en la ciudad debido a las figuras que custodian su entrada: dos murciélagos sobre dos antorchas encendidas, que iluminan el mundo terrestre. "El sentido de este programa se puede entender como que el retiro de los que allí yacen debe ser protegido de la oscuridad eterna -identificada por la presencia de los murciélagos-. Ésta protección la reciben mediante la luz siempre encendida de las antorchas que simbolizan la última verdad -la creencia en la resurrección-", explica el artículo.
El mausoleo de Claudio Antón Luzuriaga cuenta con una planta rectangular y un acceso desde la fachada principal mediante un arco de medio punto. "Esta obra es un ejemplo de tendencia del movimiento romántico hacia lo fantástico y lo alegórico", afirma la autora.
En la década de 1880, se planteó la construcción de la catedral del Buen Pastor. Tuvo tanto "bombo y platillo" que el neogótico -estilo de la catedral- "es lo que prevaleció" entre las construcciones funerarias de esa época en una clase social determinada. Comenzaron a levantarse "las magnas capillas" que buscan imitar a la catedral. A este respecto, Ordóñez apunta que la tipología del panteón-capilla se mantuvo de manera irregular hasta 1910 y todas las construcciones "reproducen en sus alzados elementos del estilo ojival".


De arenisca a mármol

"Una tumba representa la memoria hacia el difunto de los seres que le sobreviven, por tanto, un monumento que se erosione con el tiempo no estaría en consecuencia con un recuerdo perenne". Éste fue, según la autora, uno de los motivos por el cual a finales del siglo XIX se dejó de usar la arenisca en la construcción, en favor de otros materiales pétreos como la caliza o el mármol. Este último, además, tuvo mucho peso en Polloe -también en el barrio de Egia- debido al gran trabajo realizado por la empresa marmolista de Tomás de Altuna. Por otro lado, la piedra con cierto cromatismo permitió "jugar con la estructura del edificio".
Por ejemplo, en un par de capillas levantadas por Domingo Eceiza "la piedra de tonalidad gris es empleada para los muros de cerramiento del cuerpo del edificio", mientras que el color "más oscuro está relacionado con el mundo terrestre". El blanco se utiliza en ornamentos como pináculos, perfiles de gabletes o figuras de animales monstruosos, entre otros. "La finalidad de este juego cromático es la búsqueda de la expresión", comenta.
La particular arquitectura de la necrópolis, junto con las insignes personas que yacen en ella, elevan a Polloe a esa categoría de cementerios del mundo que son visitados por puro placer artístico y turístico.

viernes, 15 de abril de 2011

Fallece batería de Manowar Scott Columbus: un homenaje de La Cabra


El rock n' roll es fuente de interminables alegrías para todos aquellos que aman este tipo de música; sin embargo, la tristeza también sabe llegar al mundo del rock, más aún cuando alguno de nuestros ídolos de niñez y juventud, alguno de aquellos endiosados hombres que tanto admiramos se enfrenta al inexorable destino de la muerte. Hace dos meses, aproximadamente, me enteré con pesar que el gran bluesman Gary Moore había fallecido, pero la inesperada muerte de Scott Columbus mereció alzar la copa de Sarmat y hacer un brindis por quien fue calificado como "el Martillo de Thor".
La novia del propio batería ha confirmado la triste noticia con las siguientes palabras:

"Para vuestro conocimiento, soy la novia de Scott Columbus desde hace tres años y no encuentro las palabras para decirlo, pero él ha muerto hoy... Orad por él, por favor, y tenedle en vuestros pensamientos. No puedo creer que se haya ido. Era el amor de mi vida".

Los integrantes de MANOWAR también han emitido un breve comunicado al respecto:

"Con tristeza informamos de la muerte de nuestro hermano Scott Columbus. El tenía un talento innato, era una excelente persona, padre, amigo y hermano del metal. Todos los buenos momentos que hemos pasado juntos quedarán para siempre en nuestros corazones y en nuestras memorias. Sabemos que estará en paz en algún buen lugar. Nunca le olvidaremos."
Murió a los 54 años como un guerrero, como un hijo del trueno. Nos dio grandes himnos que recordar, de entre todos he escogido uno que considero especial para que retumbe en el infinito y llegue al Valhalla donde seguramente está ahora.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Como un sepulcro blanqueado

La expresión sepulcros blanqueados es una metáfora que emplea Jesús en el Evangelio de San Mateo para comparar a los fariseos con sepulcros blanqueados, relucientes por fuera, pero llenos de podredumbre repugnante y vomitiva en su interior. Esta metáfora y sus variantes, como blanquear sepulcros, blanqueador de sepulcros, etc. se sigue empleando para tachar a alguien de hipócrita, farsante, fariseo, inconsecuente con sus ideas, alguien que predica agua y bebe vino. Sepulcro blanqueado es sinónimo de ocultamiento de la corrupción.
En tiempos de Jesucristo, se blanqueaban los sepulcros para que no se pasara inadvertidamente sobre ellos, contrayendo impureza según la Ley mosaica.
En Mt 23,1-39, Jesús resume su juicio que tantas veces había proferido sobre los escribas y los fariseos, a fin de prevenir al pueblo contra sus engaños hipócritas. Ya en Mc 12,40 decía:
"Guardaos de los sabios a quienes les gusta andar con vestiduras largas y recibir saludos en las plazas, y los primeros asientos en las sinagogas y los primeros sitios en los banquetes; que devoran los bienes de las viudas fingiendo rezar mucho: ésos recibirán mayor condena."
Jesús fustiga la  hipocresía. Aparentar por fuera lo que no se es por dentro, como había condenado los árboles que sólo tienen apariencia y no dan fruto. Jesús desautoriza a las personas que cuidan su buena opinión ante los demás, pero dentro están llenos de maldad. Personas que de palabra se distancian de los actos de corrupción, pero en realidad la siguen practicando en cuanto se les presenta la ocasión.

Ante la tumba de Emil Ciorán en su centenario

por Fernando Savater
He tardado 16 años en visitar la tumba de Cioran en el cementerio de Montparnasse. Aunque soy pasablemente fetichista y no me disgustan los cementerios, siempre que sea para estancias breves, las tumbas por las que siento más afición son las de ilustres desconocidos: es decir, autores cuyas creaciones he frecuentado mucho pero a los que no conocí personalmente o apenas traté. En el camposanto de Montparnasse hay bastantes de ellos: Sartre y Simone de Beauvoir, Julio Cortázar y por encima de todos, Baudelaire. Pero en el caso de aquellos de quienes me he considerado amigo, soy más esquivo. Quizá por lo de que a los seres queridos uno los lleva enterrados dentro y todas esas cosas.

Emil Cioran

Cioran murió un 21 de junio, día de mi cumpleaños. Un par de años después desapareció también su maravillosa compañera Simone Boué, ahogada en la playa de Dieppe. Me es imposible decir a cuál de los dos recuerdo con mayor afecto. Ambos descansan bajo la lápida gris azulada de Montparnasse, de una sobriedad extrema, realmente minimalista. Mientras iba en su busca, sorteando mármoles, cruces y ofrendas florales por los vericuetos funerarios, a veces peligrosos para la verticalidad del paseante, recordaba sus consejos: "Vaya 20 minutos a un cementerio y verá que sus preocupaciones no desaparecen, desde luego, pero casi son superadas... Es mucho mejor que ir a un médico. Un paseo por el cementerio es una lección de sabiduría casi automática". Luego soltaba una de sus breves carcajadas silenciosas y yo, en mi ingenuidad juvenil, me preguntaba si hablaba realmente en serio. He tardado en aprender que hablar sinceramente de ciertos temas demasiado serios implica el tono humorístico como único modo de evitar la solemne ridiculez...
Traté a Cioran durante más de 20 años. Nos escribíamos con frecuencia y yo le visitaba siempre que iba a París una o dos veces por año. Me dispensaba una enorme amabilidad y paciencia, supongo que incluso con cariñosa resignación. Se interesaba especialmente por todo lo que yo le contaba de España, tanto durante los últimos años del franquismo como en los primeros avatares de la democracia posterior. Por supuesto no creo ni por un momento que fuesen mis comentarios apasionados y entusiastas sobre nuestras peripecias políticas lo que le fascinaba, sino la referencia al país mismo, esa segunda patria espiritual que se había buscado, la tierra nativa del desengaño. "Uno tras otro, he adorado y execrado a muchos pueblos: nunca se me pasó por la cabeza renegar del español que hubiera querido ser". Porque aunque se convirtió en gran escritor francés y se mantuvo apátrida, parece cierto que durante un tiempo pensó seriamente en hacerse español. La buena acogida que tuvieron sus libros traducidos en nuestro país le produjo una sorpresa tan grata como indudable. Creo que hubo un momento en que fue más popular -por inexacta que sea la palabra- en España que en Francia. Nunca le vi tan divertido como al contarle que en el concurso de televisión de mayor audiencia en aquella época (Un, dos, tres...) uno de los participantes citó su nombre tras el de Aristóteles cuando le preguntaron por filósofos célebres...
Apreciaba especialmente la paradoja de que tanto yo, su traductor, como la mayoría de los jóvenes españoles que se interesaban por él fuésemos gente de la izquierda antifranquista. Incluso le producía cierto asombro, porque para él la izquierda era un semillero de ilusiones vacuas y de un optimismo infundado -ese pleonasmo- de consecuencias potencialmente peligrosas, que había denunciado en Historia y utopía. Y sin embargo le halagaba tan inesperado reconocimiento. En realidad el asombro nos aproximaba, porque a mí me dejaba boquiabierto que alguien pudiera vivir y demostrar humor (Cioran y yo nos reíamos mucho cuando estábamos juntos) con tan implacable animadversión a cualquier creencia movilizadora y tan absoluto rechazo a las promesas del futuro. En cierta ocasión, tras haber demolido minuciosamente mi catálogo de candorosas esperanzas, me permití una tímida protesta: "Pero, Cioran, hay que creer en algo...". Entonces se puso momentáneamente grave: "Si usted hubiera creído en algunas cosas en que yo pude creer no me diría eso". Y acto seguido volvió a su cordial sonrisa habitual, ante mi desconcierto.
Como yo era tan ingenuo entonces que no quería por nada del mundo parecerlo, me empeñaba en tratar de convencerle de que mi pesimismo no era menor que el suyo. Cioran me refutaba con amable paciencia, insistiendo en demostrarme que yo era incapaz visceralmente de aceptar las consecuencias pesimistas de las premisas que asumía para ponerme a su altura, seducido por el vigor irresistible de sus fórmulas desencantadas. Confusamente, trataba de explicarle que mi pesimismo era activo: cuando no se espera la salvación de ninguna necesidad histórica ni de ninguna utopía consoladora terrenal o sobrenatural, solo queda la vocación activa y desconsolada de la propia voluntad que no se doblega. No siempre nos movemos atraídos por la luz: a veces es la sombra la que nos empuja... Más o menos disfrazadas, le repetía opiniones tomadas de Nietzsche, a quien también leía devotamente en aquella época. Solíamos dejar al fin nuestras discusiones en un amistoso empate. Pero es obvio que nunca logré convencerle... ni engañarle. Su último libro, Aveux et anathémes, me lo dedicó con estas palabras: "A F. S., agradeciéndole sus esfuerzos por ser pesimista".
Con los años, ambos fuimos poco a poco sosegando la vivacidad de nuestros debates en una especie de familiaridad cómplice. Tras el asentamiento de la democracia en España, mis fervores fueron progresivamente renunciando a la truculencia y aceptaron cauces pragmáticos: se trataba de vivir mejor, no de alcanzar el paraíso. Los excesos pesimistas, lo mismo que las demasías del conformismo ilusionado, me parecieron -y me parecen- manifestaciones culpables de pereza que ceden el timón de la vida a rutinas fatales. Pero también Cioran en sus últimos años de lucidez, tras la caída de Ceaucescu, me daba la impresión de inclinarse por una especie de pragmatismo escéptico aunque sin embargo positivo. Por primera vez le vi celebrar acontecimientos históricos, desde luego sin arrebatos triunfales. A veces hasta me daba la impresión de estar parcialmente desengañado del desengaño mismo, la suprema prueba de su honradez intelectual...
Guardo especial recuerdo de una visita que le hice en el año 90 o 91, en su apartamento del 21 de la rue de l'Odeon. Fui acompañado de mi mujer y por primera vez en tantos años me encontré a Cioran solo en casa, porque Simone había salido con unas amigas. Para nuestra cena habitual había dejado unos filetes de carne convenientemente dispuestos en la cocina, listos para freír en la sartén. Queriendo evitarle tareas culinarias, le propuse que fuésemos los tres a cenar a cualquier restaurante próximo del barrio pero no consintió en ello: yo siempre había cenado en su casa y esa noche no podía ser una excepción. Su exigente y generosa norma de hospitalidad no lo permitía. De modo que todos nos desplazamos a la minúscula cocina y allí se hizo evidente que el manejo de los fogones desbordaba ampliamente las capacidades de Cioran. Entonces mi mujer tomó el control de las operaciones, nos hizo abandonar el estrecho recinto para evitar interferencias y guisó sin muchas dificultades la sobria cena que debíamos compartir. Desde el exterior, Cioran la veía operar con rendida admiración, mientras me daba una breve charla sobre las admirables disposiciones naturales de las mujeres vascas para el arte culinario... Es una de las imágenes más conmovedoramente tiernas que guardo de él, tan incurablemente escéptico en la teoría pero capaz a veces de un asombro casi infantil ante los misteriosos mecanismos eficaces del mundo y los milagros de la amistad.
Creo que esa capacidad de asombro era uno de los encantos de su trato personal, pero también una de las características notables de su talante intelectual. A veces los escépticos adoptan la arrogante superioridad y la suficiencia desdeñosa de los peores dogmáticos: están convencidos de que nada saben ni nada se puede saber con la misma altanería que otros muestran en afirmar su convicción de que saben cuanto puede saberse. En ambos casos lo malo no es ignorar o conocer, sino el estar tan radicalmente convencidos que ya nada puede asombrarles. Cioran permanecía en la tierra del asombro, perplejo incluso en sus negaciones y rechazos más viscerales. Nunca abrumaba con displicencia al creyente que balbuceaba frente a él, incluso parecía envidiarle a veces, aunque le cortaba decididamente el paso. Se asombraba sobre todo de que en la vida la maravilla coexistiese con el horror, como ya señaló Baudelaire: somos conscientes de la matanza general que nos rodea y del encanto de Bach. Sólo dos posibilidades permiten soportar los sinsabores de la existencia, ambas en permanente entredicho pero ambas también irrenunciables: la posibilidad del suicidio y la de la inmortalidad. Cioran permaneció siempre entre ambas, escéptico y atónito.
Cuando encontré su tumba en el cementerio de Montparnasse, al leer su nombre en la lápida junto al de Simone, me puse a llorar. No de pena, desde luego, aunque tanto echo de menos a ambos cada vez que vuelvo a París y recuerdo nuestras cenas en la calle del Odeon, las charlas interminables y las risas. ¿Cómo podría lamentarme por ellos, cuando tanto les admiré y tanto enriquecieron generosamente mi juventud? No, supongo que lloré de gratitud y sobre todo de asombro. El asombro porque los que aún estamos ya no estamos del todo y de que aún siguen estando los que ya no están

lunes, 28 de marzo de 2011

Un cadáver fue llevado a presenciar un partido de su equipo... extraño homenaje


La Policía de la ciudad colombiana de Cúcuta ordenó hoy una investigación para establecer quién permitió el ingreso del cadáver de un joven al estadio donde se jugó el domingo un partido por la liga local de fútbol entre el Cúcuta Deportivo y el Envigado.
La presencia del féretro con el cadáver del joven Christopher Jácome causó malestar a muchas personas que acudieron al estadio General Santander para observar el partido por la octava fecha del Torneo Apertura, que terminó empatado 1-1.
Miembros de la "barra brava" del Cúcuta decidieron entrar el cadáver como un homenaje a Jácome, de 17 años, quien era integrante de ese grupo y fue asesinado el sábado.
Jácome fue acribillado por sicarios cuando jugaba un partido de fútbol sala en un parque de un sector populoso de Cúcuta, cerca de la frontera con Venezuela.
Según el diario "La Opinión" de Cúcuta, los líderes de la "Barra del Indio" llegaron a la funeraria donde se realizaba la velatorio y se llevaron el cadáver para que fuera "por última vez al estadio".
El comandante de la Policía en Cúcuta, coronel Álvaro Pico, calificó lo sucedido como "un desafortunado incidente" y dijo que ya se logró identificar a algunas personas que se llevaron el cadáver de la funeraria.
Por su parte, el médico del Cúcuta Deportivo, Julio Rivera, se mostró "perplejo" porque mientras las autoridades anuncian severos controles en los estadios para evitar la violencia de las "barras bravas", los hinchas logran ingresar un muerto a las tribunas.
"No dejan entrar a las 'barras' pero sí a un cadáver. Esta es la única parte del mundo donde eso ha sucedido", dijo.